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Universidad

abr 24 / 2014

ESPECIAL UNIVERSIA RÍO 2014

«La universidad no ofrece, en general, habilidades ni competencias»

Tres de cada cuatro personas acuden a la universidad para mejorar su empleabilidad pero, al terminar sus estudios, el mercado de trabajo los recibe con desigual interés

Según la ‘Declaración mundial sobre la educación superior en el siglo XXI (1998)’, para medir la calidad de la enseñanza superior habría que tener en cuenta "la enseñanza y los programas académicos, la investigación y las becas, el personal, los estudiantes, los edificios, las instalaciones, el equipamiento y los servicios a la comunidad y al mundo universitario".

Para Miguel Ángel Galindo, coordinador de Evaluación de Enseñanza e Instituciones de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), uno de los principales objetivos de las titulaciones universitarias tiene que ser formar al estudiante para entrar en el mercado laboral, «algo para lo que las titulaciones se han ido adaptando en los últimos años».

José García Montalvo, catedrático de Economía de la Universitat Pompeu Fabra, reduce el listado de criterios evaluadores de la calidad de la enseñanza a uno: «Hay que valorar la educación universitaria en función del mercado de trabajo de los universitarios. Al fin y al cabo, entre el 70 y el 75% de los estudiantes acuden a la universidad para mejorar su empleabilidad».

Tres de cada cuatro titulados universitarios entre los 22 y los 65 años acabaron 2013 con empleo. En el caso de los no titulados, la EPA destaca que tenían trabajo dos de cada cuatro. Contar con un título facilita el camino, pero esta ventaja solo aparece conforme pasa el tiempo. Los jóvenes de 22 a 25 años, recién titulados, no notan la diferencia: el 40% de los titulados están ocupados; el 39% de los no titulados, también.

La ventaja a favor de los titulados se entrevé a partir del tramo siguiente, entre los 26 y los 30 años: 67% frente a 59%. Este intervalo de edad, o uno parecido (25 a 29 años), y nuestro país ya fueron señalados en 2010 por la OCDE: el 44% de los empleados españoles con estudios universitarios estaban sobrecualificados. La media de la OCDE era del 23%.

Alguien está sobrecualificado para un empleo cuando su nivel educativo es superior al que requieren sus tareas. Informáticos que reinstalan sistemas operativos en las empresas donde trabajan o titulados en ADE que ordenan el correo de sus jefes conocen bien qué es la sobrecualificación. Los expertos culpan del desajuste formación-demanda de trabajo a unos y a otros: universidad y empresa. «La universidad investiga con más o menos acierto cuáles son las demandas del mercado, pero es demasiado rígida para adaptarse a ellos», explica Raúl Almarcha, responsable de Educación Integral del Consejo de la Juventud de España, una plataforma que agrupa a entidades juveniles de todos los colores. Para Francisco Michavila, director del informe ‘La universidad española en cifras’ de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, CRUE, la academia «tiene aún que mejorar mucho: las competencias personales que exige la sociedad productiva deben impregnar más a la educación universitaria, que no debe restringirse a la adquisición de conocimientos».

Primero, idiomas

La mejora de la educación universitaria, su relación con la empresa y su adaptación a las demandas del mercado laboral serán temas abordados en profundidad en una de las mesas de debate del III Encuentro Internacional de Rectores Universia, que se celebra a finales de julio en Río de Janeiro con el mecenazgo del Banco Santander, a través de la División Global Santander Universidades.

Si se pregunta por las demandas de las empresas en una feria de empleo cualquiera, las respuestas suelen ser dos: idiomas y competencias transversales. Estas últimas agrupan toda clase de habilidades herederas del sentido común, del respeto, del compromiso o de la paciencia pero aplicadas al mundo laboral: resolución, capacidad de organización, facilidad para trabajar bien en equipo, desenvoltura para comunicarse...

«El modelo educativo basado en clases magistrales es responsable de que no se adquieran este tipo de competencias», explica Almarcha. «A los alumnos no se les deja liderar proyectos, sino que es el profesor quien lo hace. Los alumnos no ejercen así sus competencias. Bolonia está cambiando esto». Para García Montalvo, «la universidad no ofrece, en general, habilidades ni competencias».

La 'titulitis'

El modelo productivo español se basa fundamentalmente en los servicios y la construcción. Según el INE, en enero de 2013, el 55,6% de las empresas españolas pertenecían al sector servicios; el 24,3%, al de comercio, y el 13,5%, a la construcción. «La construcción y la hostelería crean mucho empleo, pero este es de baja cualificación», dice García Montalvo.

Por su parte, Almarcha sitúa aquí una de las razones para el éxodo del talento: «Los titulados buscan en otros países los puestos cualificados y la consideración que no encuentran aquí». Muchos de los que se quedan lo hacen para seguir formándose, en espera de mejorar sus posibilidades de conseguir trabajo, sumando másteres y cursos a sus currículos. Alimentan así la ‘teoría de la señalización’: las empresas contratan según el nivel educativo, es decir, según el número de títulos que tenga un candidato.

«Lo que se pide no está tan relacionado con el puesto que ocupará el candidato como con su nivel educativo», explica García Montalvo. Así, es fácil que un universitario ocupe un puesto que requiere de menor nivel educativo. Para Raúl Almarcha, «la sobreexigencia en la cualificación es tradicional en España, no surgió con la crisis».

El Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), centro de investigación adscrito a la Universitat de València y del que forma parte el profesor José García Montalvo, efectúa seguimientos a lo largo del tiempo sobre, entre otras cuestiones, la transición de los universitarios al mercado laboral. Uno de sus estudios tiene que ver con la sobrecualificación y cómo el empleado modifica su percepción sobre su trabajo. El estudio está basado en encuestas, de tal forma que es el propio sujeto de estudio quien opina.

«Nuestras entrevistas demuestran que, después de 10 años, el mismo estudiante que antes decía que su puesto estaba sobrecualificado ahora está contento. Aunque esté en el mismo puesto o en otro diferente pero haciendo lo mismo, está contento. Esto se debe a que hay un ajuste psicológico necesario: ajustas tus perspectivas a la baja. No puedes estar toda la vida cabreado con tu trabajo», indica García Montalvo.

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