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PROYECTO RAE POÉTICA

No seas guarro y lávate el «sicote»

"Definiciones extravagantes, tróspidas, divertidas, poéticas y WTF del DRAE". Así se define la página RAE poética, un recopilatorio vivo de palabras en desuso. Detrás de la iniciativa están, entre otros, Elena Álvarez-Mellado, Xosé Castro y Edu Basterrechea, filólogos con un olfato exquisito para las rarezas lingüísticas

feb 03 / 2015

Dice el escritor Juan Tallón que cuando escarbas hondo, hondo de verdad, en el interior de un individuo normal, no tardas en descubrir a un tipo insólito y asombroso. Lo mismo ocurre con un diccionario. Hay quien pensará que el DRAE es como un señor insípido y anodino, de los que siempre se toma el café a la misma hora en el mismo bar y se va a la cama con pijama en cuanto llega el ocaso. Pero si hurgamos entre sus páginas encontraremos a un hombre deslenguado y maravillosamente ordinario. Uno que quizá utilice palabros como «zurruscarse», que es irse de vientre involuntariamente, «pollancona», una polla de mayor tamaño —polla: o gallina nueva, o pene o ¡mujer joven!— y que seguramente habrá «samueleado» alguna vez, es decir, habrá tratado de verle las partes sexuales o los muslos a una mujer. 

Todos estos términos aparecen en la página RAE poética, una iniciativa que comenzó un grupo de personas que se dedican a la lengua: «Por un lado, Xosé Castro, por otro, los compañeros de Molino de Ideas, que nos dedicamos a crear recursos y herramientas digitales de la lengua. Juntos participamos en Lenguando, unos encuentros muy amenos sobre comunicación en los que salía con frecuencia en la conversación el tema de las palabras curiosas o las definiciones sorprendentes del diccionario», explica Elena Álvarez-Mellado, una de las ideólogas de la iniciativa.

El primer objetivo era práctico, según apunta Álvarez-Mellado: recopilar todos estos divertimentos lingüísticos para acudir a ellos en cualquier momento. «Sabíamos que otros compañeros tendrían palabras que aportar, así que abrimos un formulario de participación y el experimento fue creciendo». Ahora mismo, la mayoría de las aportaciones las realizan los usuarios (muchos de ellos son tuiteros), y Elena es quien incorpora las novedades. Muchas otras pertenecen a Edu Basterrechea, fundador de Molino de Ideas, «que es un gran cazador de rarezas».

«Recuperemos la palabra "luquete"»

A menudo, los propios hablantes relegan las palabras poco a poco en una olla vieja, donde hierven hasta quedar estériles. Así, caen en desuso términos como «borborigmo», el ruido que hacen las tripas, «barquinazo», el latigazo que pegamos cuando vamos en un medio de transporte y pega un frenazo, «sicote», cochambre del cuerpo humano, especialmente de los pies, mezclada con sudor, o «luquete», rueda de limón o naranja que se echa en el vino para que tome de ella sabor. Palabras que fueron fecundas en cierto momento de su existencia. «Nos pareció curiosísimo que existiera una palabra para denominar a ese limoncito. ¡Y además se remonta al siglo XVII!», reconoce Elena Álvarez-Mellado.

Eso sí, si un término como «luquete» resulta útil y vistoso, ¿por qué no revitalizarlo? ¿Por qué no empezar a pedir la bebida con «luquete»? «Creamos una campaña en Facebook para recuperarla. Empezó como una broma entre amigos, pero al final la cosa cuajó y ahora es una comunidad a la que se han sumado más de 500 personas que, aunque sea anecdóticamente, la usan. Y hace poco salió en Pasapalabra. Es emocionante que una rareza léxica, una pieza de museo olvidada, tenga una segunda vida», reconoce Álvarez-Mellado.

Perdemos «luquete», pero no dejamos de echar rodajas de cítrico al vino o a la coca-cola. ¿Se empobrece el lenguaje? «En RAE poética creemos que los hablantes son soberanos, es decir, quienes mandan. Todos somos propietarios de la lengua. Las palabras aparecen y desaparecen, es su ciclo natural», apunta la lingüista. «Para mí, lo que está en la lengua es lo que los hablantes necesitan, y lo que no está es porque resulta prescindible. Claro que hay términos que desaparecen, pero surgen otros: postureo, quita, dron, euroescéptico, antirretroviral…», añade.

Así es la ruta natural del léxico: nacer, con suerte hacerse hueco, sobrevivir mientras son útiles, y cuando no lo son, desaparecer. «No significa que hablemos peor, sino que esa palabra ya no es útil. En su lugar han nacido otras que sí lo son por ahora. Mientras tanto, podemos divertirnos observando estas curiosidades que guarda el diccionario».

Mador

Sinapismo

Sicote

Nefelibata

Verraco

Girasol

Mamacallos

Chocho

Folgar

Camaron

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