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BANDA KHEBEZ DAWLE

La lucha por la libertad en Siria se hace cantando

La guerra que ha destrozado un país entero no consiguió quitarles las ganas de perseguir el sueño de su vida. Los chicos de Khebez Dawle querían ser músicos, tocar juntos y hablar en sus canciones de lo que más aman: Siria

nov 24 / 2014

Desde el principio ha sido muy difícil. Khebez Dawle comienza a engendrarse a mitad de 2012, casi un año después de que se iniciaran las revueltas en contra del régimen. Uno de sus componentes, Rabieh, se implicó activamente con la revolución y participó en todas y cada una de las manifestaciones y protestas en Damasco desde que estallara el conflicto. «Luchaba por la libertad», aseguran sus amigos. Es asesinado a finales de año, un golpe demasiado fuerte para el grupo, que empieza a desestabilizarse. «Fue muy duro, sobre todo porque Rabieh era una persona muy pacífica. Siempre defendió la paz por encima de todas las cosas», aseguran.

Al tiempo, todos ellos dejan la universidad y salen del país, excepto Anas, el vocalista del grupo, al que ya no le quedaban fuerzas. Todo se había vuelto extremadamente peligroso y no podía pensar en otra cosa que no fuera proteger a su familia. «La música ya no era tan importante», reconoce.

Pero la historia no termina aquí. Las ganas de este grupo de amigos de reencontrarse y seguir adelante con su proyecto eran inagotables. Siguen en contacto y siguen componiendo canciones.

Kehmat, Baz y Bachi se instalan en Beirut y deciden que es hora de retomar lo que habían empezado. Anas, que continúa en Siria, vuelve a Nabek, su ciudad natal (a 80 kilómetros de Damasco) para despedirse de sus padres y viajar a Líbano días después. Nada más llegar, la cuidad es asediada  por soldados del régimen. «Unos cuantos rebeldes del ejército libre secuestraron en Nabek a varios oficiales del ejército de Bachar. La respuesta del gobierno fue brutal. Cortaron todas las carreteras, secuestraron a un montón de civiles y bombardearon la ciudad durante dos semanas», recuerda.

Comunicarse con el exterior

Anas estuvo encerrado en casa de sus padres durante seis días que se le hicieron eternos. Al séptimo decidió que al no saber si iba a perder la vida o no, debía enviar a Líbano las canciones que había compuesto cuanto antes. Encontró una cafetería abierta y a dos personas más intentando comunicarse con el exterior. «Todo iba bien, la música se estaba enviando y pude explicarle a mis amigos por qué no había podido reencontrarme con ellos en Beirut. Al rato se cortó la luz y las bombas empezaron a caer en la zona dónde nos encontrábamos. Cerramos las puertas del local y allí pasamos horas sin saber muy bien si saldríamos vivos o no».

Por la noche el bombardeo cesó y regresaron a casa. Su madre no dio crédito al verle entrar por la puerta. Le creía muerto. Su padre sin embargo no había tenido tiempo de preocuparse, se dedicó a socorrer a los heridos y a intentar transportarlos en coche al hospital.

Automáticamente recordó cómo durante el calvario que pasaron encerrados en la cafetería escucharon los gritos de un hombre que había sido alcanzado por una de las bombas. El miedo no les permitió salir a socorrerle: «No voy a poder olvidarlo. Mientras mi padre arriesgó su vida, a mí me bloqueó el pánico a morir», confiesa.

Cómo conseguir financiación

Días después, todo volvió a la normalidad y por fin Anas pudo viajar a Beirut. Una vez reunidos, se plantearon la posibilidad de redactar un proyecto y enviarlo a las ONGs de ayuda a refugiados sirios que viven en Líbano. Necesitaban un estudio para grabar y buenos instrumentos; también dinero para promocionarse y para la edición de los discos.

La suerte estuvo de su lado esta vez. De entre los 95 proyectos que AFAC (The Arab Fund for Arts and Culture) tuvo entre sus manos, eligió 16 para costearlos y llevarlos adelante. Uno de ellos fue la financiación completa de Khebez Dawle.

Y así fue. El grupo está dando un sinfín de conciertos por todo Líbano. Han participado en el festival de música de Beirut que se celebra cada año y en el LAU Festival, organizado por una de las universidades más conocidas de la ciudad. No paran de  hacer bolos en bares y garitos. «No nos podemos quejar, la cosa va muy bien y a la gente le gustamos», cuentan con mucha ilusión.

KhebezDawle

Khebez Dawle significa "pan del pueblo". Con este nombre quieren transmitir a su público una idea: «Se necesitan romper algunas barreras para construir. Cuando las cosas no van bien, hay que cambiarlas», explican. Su música es una especie de rock en árabe. Las guitarras y la batería se mezclan con el sonido de los timbales propios de la música oriental.

Su primer álbum trata sobre la primavera árabe. No componen música política y no se posicionan en ningún momento en un bando u otro. Según los artistas, la guerra ha destrozado a todos por igual.

Música no política

En internet, el grupo tiene seguidores de ambos bandos, que les felicitan y dejan sus comentarios de apoyo a través de las redes. Unos afines al régimen de Bachar y otros afines a la revolución. Recuerdan que uno de los temas causó controversia y recibieron algunas críticas. «La canción habla sobre los dictadores y cómo manipulan al pueblo sin que este se dé cuenta». Los chicos lo tienen claro: «En Siria no hay ni habrá vencedores, todos hemos perdido». Según Anas, «ahora solo los intereses de las grandes potencias importan. Todos los gobiernos se aprovechan del  sufrimiento de nuestro pueblo», denuncia.

Es consciente de que Siria, antes de la guerra, disponía de ayudas sociales propias de un sistema democrático. Anas asegura que había ayudas sociales para todos los ciudadanos, un buen sistema educativo y un buen sistema sanitario (ambos públicos). «El problema es que con eso no es suficiente. Disfrutábamos de muchas cosas pero a un precio muy alto: nuestra libertad como personas».

Los cuatro amigos viven juntos y se ayudan mutuamente, ya que ninguno de ellos tiene un sueldo fijo. Todos compaginan los conciertos y bolos con trabajos extra relacionados con la música. Se han hecho un hueco en el mundillo y eso es lo más importante. De momento son felices en Beirut y no se plantean volver a casa. «La gente aquí nos ha tratado bien y vivimos de tocar, que es lo que siempre hemos soñado».

KhebezDawleSiria

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