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INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA

Crisis económica y tasas universitarias prohibitivas: aumentan los jóvenes que compaginan estudios y trabajo para pagar la carrera

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona evidencia diversos factores negativos entre los estudiantes con dificultades económicas que deben trabajar durante sus años de carrera. Plantean asimismo, mecanismos que hagan que el sistema universitario sea menos exigente con estos alumnos.

may 10 / 2017

Desde hace algunos años, estudiar una carrera se ha convertido en un lujo que muchos jóvenes y sus familias no pueden permitirse. Y es que los desorbitados e imposibles costes de las matrículas universitarias en España nos sitúan entre los cinco países de la Unión Europea donde acceder a la universidad parece no estar al alcance de todos.

Es alarmante que la educación se esté convirtiendo en un negocio más, en el que al tiempo que se suben los precios de las tasas se reduce la inversión en becas. Un negocio desfavorable para los estudiantes, y con el que España se arriesga a dejar escapar el talento del futuro, en dirección hacia otros países donde estudiar una carrera universitaria no obligue a las familias a endeudarse de por vida, donde los jóvenes no se vean obligados a formarse gracias a un ‘crowdfunding’ ciudadano o a trabajar a jornada completa para pagarse unas clases a las que no pueden asistir por falta de tiempo.

Sobre esto último trata la última investigación llevada a cabo por expertos de la Universidad Autónoma de Barcelona. Un texto publicado en el European Journal of Education, donde el Grupo de Investigación de Educación y Trabajo del departamento de Sociología de la UAB mediante el que evidencian que la crisis ha incrementado el número de estudiantes que combinan estudios y trabajo, y alerta de que este fenómeno puede estar generando una desigualdad interna en la universidad.

Las cifras constatan que entre los años 2008 y 2014 los universitarios que dividían su tiempo entre los estudios y un trabajo con el que financiar su carrera aumentaron del 59% al 67%. Se trata de un incremento que afecta a todos los perfiles de estudiantes y que tuvo un mayor impacto entre los de origen medio alto. Sin embargo, el crecimiento más importante se produjo entre los alumnos que tuvieron que dedicar todo su tiempo a un trabajo en jornada completa, jóvenes, en este caso, de origen social más desfavorecido, pasando en seis años del 38% al 47%.

Fueron estos estudiantes además, los que se vieron en la obligación de emplearse a tiempo completo, quienes empezaron a empeorar en el ámbito académico, obteniendo notas más bajas que el resto de compañeros que se dedican al cien por cien a sus estudios. Una situación por la que pasaron, según señalan los autores del estudio, debido a tener que “centrarse en mantener su puesto de trabajo, en una época difícil para la ocupación”.

“PEOR CALIDAD OCUPACIONAL” DE CARA A UNA INSERCIÓN LABORAL FUTURA

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Es por esto, entre otras cosas, por lo que los investigadores de la UAB determinan que estudiar y trabajar a la vez “penaliza académicamente a los estudiantes”. Sobre todo, es “especialmente negativo” para los alumnos con una situación familiar más desfavorecida y con niveles educativos más bajos, pues son los que dedican más tiempo al trabajo y suele tratarse además de trabajos no relacionados con sus estudios.

Todo este cúmulo de factores conlleva también a que estos jóvenes se acaban enfrentando a una “peor calidad ocupacional” en su inserción laboral futura, así como al empeoramiento de sus condiciones de vida.

“El acceso, las condiciones de vida y la participación en la universidad pueden convertirse en nuevos ejes de desigualdad que supongan nuevos obstáculos para los estudiantes con necesidades económicas que tienen que trabajar durante los estudios y una barrera para su continuidad educativa, puesto que tienen que competir con notas más bajas para el acceso a becas y a estudios de tercer ciclo”, expone Albert Sànchez-Gelabert, uno de los autores del estudio junto con Marina Elias, ambos investigadores de la UAB.

Pero no todo es negativo para aquellos que tienen que sacar tiempo de donde sea para compaginar sus estudios con uno o varios trabajos. En términos generales, la investigación concluye que estudiar y trabajar presenta efectos positivos para una mejor calidad laboral una vez finalizada la carrera, siempre y cuando, todo sea dicho, el empleo esté relacionado con el ámbito de estudio.

Sin embargo, a pesar de poner en relevancia un abanico de posibilidades para el futuro profesional de algunos de esos universitarios que mezclan estudios y trabajo, los expertos plantean la necesidad de una intervención a nivel institucional, que ponga en marcha “mecanismos de apoyo específicos” para aquellos estudiantes con dificultades económicas que invierten sus horas de clase en ganarse un sueldo con el que poder costearse su carrera universitaria. Entre estos mecanismos, proponen la ampliación de la oferta de estudios semipresenciales, servicios de ayuda en plataformas virtuales, la mejora en la accesibilidad y flexibilidad del profesorado y, sobre todo, tratar de minimizar la penalización académica que acarrean algunos estudiantes por estudiar y trabajar.

Quizá por la necesidad de lograr un empleo adecuado a su formación con más facilidad durante los años de universidad, la investigación detecta también un crecimiento entre las matriculaciones en títulos con mayores niveles de inserción laboral.

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