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NINGÚN VICIO ES SANO

“La adicción al móvil no es considerada una enfermedad, como en su día la ludopatía"

La experta Francisca López Torrecillas aclara los peligros y soluciones a usar constantemente estos dispositivos que parecen una extensión de nosotros mismos. Prácticamente nadie se libra de ellos, quizás realmente porque nadie quiera. El caso es que los smartphones sirven para todo, pero son peligrosos si su uso no se modera.

abr 02 / 2017

A menudo casi nadie presta atención a una adicción, sea cual sea el objeto que genera una necesidad constante. Se piensa que no existe o que se puede superar como por arte de magia, pero abandonar un vicio de un día para otro constituye una hazaña complicada.

Los teléfonos móviles llegaron hace ya mucho tiempo, poco a poco la gente los compraba simplemente para llamar. Ahora, con su multifuncionalidad, están presentes en la vida diaria de todos, siempre van guardados en el bolsillo ¿cómo vivir sin uno? Se ha naturalizado su empleo continuo, tanto que han generado una dependencia en muchas personas que desemboca en diferentes enfermedades.

La experta en Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Granada, Francisca López Torrecillas, nos cuenta que aunque no está reconocida por el DSM-5 -Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales- la obsesión por el teléfono móvil es real: "la adicción al móvil no es considerada una enfermedad, como en su día la ludopatía". Lo puede asegurar gracias a los estudios que realizan, en los que de momento pueden establecer enormes parentescos con los vicios mencionados: ansiedad, irritabilidad, pérdida de control, ansia e indicadores de dependencia.

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Las comparaciones y los estudios ayudan a pensar una serie de medidas: "Se puede vivir en armonía con los móviles, pero hay que tener un uso responsable" afirma. Para evitar caer en la tentación es aconsejable establecer unas restricciones de empleo: "planificar horarios y qué usos se le va a dar al móvil. Ya que lo puedes utilizar para muchas cosas, programa una determinada hora para el Whatsapp, otra para leer, otra para usar Internet...".

Además, otro método para no estar todo el día enganchado es darse cuenta de que no pasa nada por no llevarlo encima: "si bajas al gimnasio no lo necesitas. Tampoco si te vas ir al campo. No es bueno irse a pasear y en vez de disfrutar de la bonita primavera meterse en peleas por Whatsapp".

Otro asunto más, los enfados que surgen por la dificultad de interpretación de los mensajes. Pese a que parezca que se está en contacto, en realidad se pierde la calidad de las relaciones sociales y a menudo no se transmite lo que se pretende por muchos emoticonos que se pongan. "Si mandas un insulto, posiblemente la otra persona lo tome mal. Si a la cara llamas tonto a alguien y se lo dices con una sonrisa, queda claro que no hay intención de ofender" nos explica. ¿A quién no le ha pasado?

Ningún vicio resulta saludable. Por mucho que ayude en la vida diaria y que valga para salir de apuros,  el abuso al teléfono móvil también es insano.

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