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EGIPTO

La verdadera historia detrás de la maldición de la momia

El folclore y la cultura popular han perpetuado el mito de que abrir la tumba de una momia lleva a una muerte segura durante más de 100 años. Las momias de las películas son conocidas por sus riquezas fabulosas y una maldición peligrosa que lleva a los cazadores de tesoros a un final terrible. Pero Hollywood no inventó el concepto de la maldición. Todo tiene su origen en una historia cierta, en la que el mito y la realidad, como siempre, se entrecruzan.

jun 18 / 2017

La famosa maldición de la momia tuvo una resonancia mundial después del descubrimiento, en 1922, de la tumba del rey Tutankamón en el Valle de los Reyes, cerca de Luxor (Egipto). Cuando Howard Carter abrió un pequeño agujero para mirar dentro de la tumba, con tesoros ocultos durante 3.000 años, también desató una pasión mundial por el antiguo Egipto. Los brillantes tesoros crearon grandes titulares, y también lo hicieron, claro, los relatos sensacionalistas de la muerte posterior del patrocinador de la expedición, Lord Carnarvon.

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Pero antes de entrar en la historia hay que destacar que los cuentos de momias que destrozan la vida de los que molestan sus tumbas no comenzaron con Tutankamón. De hecho, las leyendas datan de más de un siglo antes de que Carter descubriera la cámara de entierro del rey niño. Algunos egiptólogos creen que el mito nació en un espectáculo escénico en el Londres de 1820, cuando las momias eran 'desempaquetadas' ante el público en una especie de 'striptease'. Aunque no se tiene clara la intención original de estos espectáculos, sí que inspiraron una literatura espeluznante con historias de momias cobrando vida y estrangulando a los que les rodeaban. Estos relatos de terror se extendieron y hasta la autora de Mujercitas, Louisa May Alcott, escribió un cuento en 1869, Lost in a Pyramid o La maldición de la momia, donde un matrimonio era perseguido y asesinado por una antigua princesa egipcia.

Pero la teoría de que las ideas de maldiciones provienen exclusivamente del imaginario popular occidental han sido matizadas por Salima Ikram, un egiptólogo de la Universidad Americana de El Cairo que cree que el concepto de la maldición ya existía en el antiguo Egipto como parte de un sistema de seguridad primitivo. La autora señala que algunas paredes de mastaba (tumba temprana no-pirámide) en Giza y Saqqara estaban realmente inscritas con "maldiciones" destinadas a aterrorizar a los que profanaran o robaran el lugar de descanso real. Las escrituras tendían a amenazar a los profanadores con la furia divina a través del consejo de los dioses o por una muerte horrible a manos de cocodrilos, leones, escorpiones o serpientes.

Independientemente de si apareció antes o después, el frenesí de los medios tras el descubrimiento de la popular tumba llevó a lord Carnarvon a firmar un acuerdo exclusivo con The Times para que solo ellos pudieran informar de los descubrimientos. Esto provocó que el resto de la prensa mundial, en vez de informar sobre los descubrimientos de la vida del joven faraón o los tesoros de una tumba que no podían ver, se afanaron en hablar de una maldición egipcia en cuanto Carnarvon enfermó. Marie Corelli en el New York World escribió un artículo que relacionaba el estado del lord con los castigos por la profanación. Cuando finalmente murió de neumonía en 1923 el Times informó que una cobra (símbolo de la antigua realeza egipcia) se había tragado el canario de Howard Carter el día en que se abrió la tumba: "Una advertencia del espíritu del difunto rey contra una mayor intrusión en la privacidad de Su tumba”.

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Más y más historias extrañas sobre el momento preciso de la muerte de Carnarvon iban apareciendo. Que si su perro en Inglaterra había soltado un aullido tremendo antes de morir al mismo tiempo, o que si todas las luces de Cario se apagaron al mismo tiempo en sus últimos momentos. Howard Carter no se creía la cantinela, pero mucha gente alrededor del mundo estaba convencida. Por ejemplo, Mussolini se deshizo de una momia egipcia que había aceptado como un regalo y Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes, sugirió que la muerte era culpa de elementos creados por los sacerdotes de Tutankamón para custodiar la tumba real.

La leyenda fue haciendo bola. De las 58 personas que estaban presentes cuando se abrió la tumba y el sarcófago sólo ocho murieron en los siguientes 12 años. Pero la prensa informó de que la maldición era responsable del envenenamiento de la sangre que mató al hermano de Carnarvon en 1923 y de la malaria que mató a su otro hermanastro seis años después. También que la ira de Tutankamón tuvo que ver en el asesinato del Príncipe Ali Kamel Fahmy Bey de Egipto por su propia esposa en 1923, porque había tomado una foto en la tumba. El envenenamiento con arsénico que mató a uno de los excavadores de Carter en 1928, la asfixia del secretario personal de Carter en una habitación de hotel de Mayfair en 1929 y el suicidio del padre de esa secretaria personal al año siguiente crearon un caldo de cultivo perfecto para la leyenda pero lo cierto es que Carter, el que debería haber sido el principal objetivo de la maldición, vivió durante décadas después hasta que la enfermedad de Hodgkin se lo llevó en Londres, en 1939.

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Pero el hecho de que quizá hubiera un envenenamiento hizo que la ciencia investigara alguna posibilidad real de que el mito tenga base biológica. Algunos estudios de laboratorio han descubierto que las momias antiguas tenían un moho peligroso, el Aspergillus niger y Aspergillus flavus, que podrían causar sangrado en los pulmones. Además, bacterias que atacan al sistema respiratorio como Pseudomonas y Staphylococcus también pueden crecer en las paredes de la tumba. Estos organismos pueden hacer creer que las tumbas parezcan peligrosas, pero la comunidad científica parece estar de acuerdo en que no lo son. De hecho, dadas las condiciones locales, Lord Carnarvon probablemente estaba más seguro dentro de la tumba que fuera. Además, no se conocen casos de ningún arqueólogo o un solo turista que haya sufrido aflicciones causadas por las toxinas de la tumba. Pero al igual que los remakes incesantes de la momia, la idea de una maldición oculta real se resiste a morir.

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