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LAS MUJERES TOMAN LA TIERRA

Entrevista imposible con Helmut Newton

‘World without men’, un mundo sin hombres. Un sueño imposible para Helmut Newton (si sólo se hubiese quedado él, claro) y uno sus primeros libros, que ahora la editorial Taschen recupera y reedita para el disfrute de amantes y simples observadores

mar 10 / 2013

Mujeriego sin remedio, pero durante muchos años fiel (emocionalmente) a una sola mujer, June, su esposa. Helmut Newton es uno de los fotógrafos que mejor fue capaz de retratar a la mujer. Hijo de la Alemania de entreguerras, Newton se crio en una familia de ‘buena posición social’. Un niño sobreprotegido al que el alzamiento nazi le obligó a enfrentarse a la vida solo por primera vez.

Newton murió en Los Ángeles en el 2004, en un accidente de tráfico, pero su fotografía, sus palabras y su esencia siguen vivos a través de su Fundación. La editorial alemana Taschen acaba de reeditar ‘World without men’, uno de sus primeros libros, en el que mostraba por primera vez su fascinación por la sensualidad femenina.

Esta es una entrevista imposible que nunca tuvo lugar, pero que se responde con las declaraciones que el propio Helmut Newton dejó en vida.

¿Cómo fue su niñez?

«Durante toda mi infancia, mi madre no paró de insistir en el hecho de que era sietemesino, es decir, dos meses más joven que los demás, y por eso era un niño tan enfermizo».

Y eso tiene sus consecuencias ¿verdad?

«Los niños me esperaban y me pegaban porque sabían que no iba a defenderme. Llegaba a casa llorando histéricamente. Me molestaba que me pegaran y ser blanco de sus bromas físicas. No eran cosas que pasaran porque fuera judío, sino porque no sabía defenderme».

¿Por qué no sabía defenderse?

«Tampoco ayudaba mucho que mi madre me vistiera de niña. Iba con traje de terciopelo con cuello almidonado, cuello Schiller, lo llamaban, y enormes lazos de tafetán».

¿Cuál es su primer recuerdo relacionado con las mujeres?

«En verano, mis padres hacían curas interminables. Se alojaban en hoteles de lujo, sobre todo en Alemania, donde la gente iba a hacer curas de agua termales. Los viernes por la noche organizaban un baile después de la cena. Encendían los faroles del jardín del gran hotel y el comedor se convertía en un salón de baile. Todas las damas vestían de noche, incluida mi madre, y llevaban perlas y bonitos vestidos que dejaban mucha carne a la vista. Creo que no tenía más de cuatro años aquella noche que me regodeaba en esa diversión para adultos, cuando una señora con un vestido de noche me sentó sobre sus hombros cogiéndome de los brazos. Allí, sentado en lo alto, con el pene rozándole la nuca, tuve una de las primeras erecciones que recuerdo».

Imagino que el sexo no era algo muy público entonces…

«En aquella época, en Alemania, nos decían que la masturbación excesiva producía ojeras oscuras y profundas. Así que por las mañanas me miraba al espejo, me veía unas ojeras rojizas debajo de los ojos y pensaba que el mundo entero sabría que me la había estado machacando. Al principio estaba muy acomplejado, pero después dejó de importarme. Sin embargo, a mi madre sí le preocupaba. Al cabo de un tiempo, me dijo que quería que fuese a ver al doctor por el problema y me mandó al médico de la familia, el doctor Ballin».

¿Y qué le dijo el doctor Ballin?

«El doctor Ballin no era ningún mojigato, al contrario. Me sentó y me soltó: “Verás, muchacho, he hablado con tus padres y quieren que tenga una pequeña charla contigo. Preferiría que hicieras ‘bum-bum’ con una chica a que te masturbaras. Es mucho mejor para ti, y mucho más divertido. Creo que ha llegado el momento de que te busques una amiguita así puedes hacer ‘bum-bum’.” Lo llamó así. No pronunció la palabra ‘follar’ ni nada por el estilo.

¿Le dejó marcas esa conversación?

«Las ojeras siguen siendo algo importante en mi trabajo. Por lo general, cuando trabajas con modelos, se usa maquillaje para borrarlas. Siempre le digo al maquillador (desde hace años): “No le quites las ojeras de la masturbación”; e indico, si no las tiene: “Me gustaría que tuviera unas ojeras oscuras de masturbación, ¡es más interesante!”».

¿Algún otra referencia que le haya hecho ser como es?

«La primera vez que leí ‘Historia de O’. Fue a principios de los sesenta, cuando encontré una edición rara en una de las bouquinistes de la ribera del Sena. La venta del libro estaba prohibida en la mayoría de países por sus descripciones gráficas de actos de sadismo y masoquismo. Ha ejercido una fuerte influencia en mi fotografía de modas, al igual que Arthur Schnitzler y Stefan Zweig».

Además de ‘Historia de O’, ¿qué otras influencias femeninas le marcaron?

«En París, la rue Saint-Denis era una calle de putas y hoteluchos. Cada portal, cada cafetería, cada bar estaba lleno de putas. Vestían de una manera extraordinaria. Tenían un talento innato para la moda que se reflejaba en lo que se ponían para atraer clientes, una intuición para mostrar cuáles eran sus especialidades a través de la forma en que vestían. Recuerdo bien una que me impresionó que iba con un vestido blanco de novia con velo. Muchas llevaban botas (botas muy altas, parecidas a las de los militares) con fustas en la mano y cadenas alrededor del cuello y los brazos».

¿Hizo fotos allí?

«No se permitía hacer fotos. No te decían “no saques fotos”, pero recuerdo haberlo intentado y darme cuenta de que, si lo hacía, me pegarían».

¿Nunca se planteó dar el paso del erotismo a la pornografía?

«En 1985, durante mi habitual periodo de hibernación en Hollywood, conocí a una pareja muy atractiva en un cóctel. Me puse a hablar con ellos, y conocían algunas de mis fotografías sexys. Se ofrecieron a posar para mí mientras follaban. Como muchos fotógrafos, había fantaseado con la idea de hacer pornografía, pero siempre vacilé. Pero entonces decidí que necesitaba superar mis reparos y hacer la prueba».

¿Cuál fue el resultado?

«Muchos años después, mi marchante de fotografía llevó a un coleccionista de pornografía a mi despacho con la esperanza de que comprara alguna de esas imágenes. Después de examinar con atención el lote, me miró y me dijo: “Señor Newton, estas fotos no son lo bastante fuertes para mi colección”».

Los grandes desnudos son quizás su obra más conocida.

«Los “Grandes desnudos” empezaron en 1980 y tuvieron como inspiración las fotografías policiales de identificación de terroristas alemanes. Realicé de modo intermitente 21 de esas imágenes hasta 1993. El 1980 emprendí también los “Vestidos y desnudos”, que abandoné en 1990 porque como ejercicio fotográfico resultaba técnicamente demasiado difícil de continuar».

¿Y el interés por los maniquíes, de dónde viene?

«Mi interés por los maniquíes, las muñecas, etc… arrancó en 1968, cuando el Vogue inglés publicó mi primera serie de fotos con esas figuras. Mostraba a una de mis modelos favoritas, Willie Van Rooy, frente a frente con un maniquí fabricado a su imagen y semejanza, con lo que se creaba una especie de doble.

El empleo de maniquíes me permitió montar escenas bastante osadas para el Vogue francés. Utilizar modelos vivas habría sido demasiado arriesgado».

Una de sus fotografía más famosas no refleja a una mujer, sino a Salvador Dalí, ¿cómo fue esa sesión?

«En 1986, el Vanity Fair me envió a Figueres para fotografiar a Dalí en su propio museo. Él sabía que me gustaba sacar fotos con luz diurna, de modo que me tuvo en ascuas dos días en el hotel y me convocó a su presencia el tercero, cuando el parte pronosticaba tormentas importantes. Llevaba un tocado espléndido, una bata de satén plateado y la orden más alta que concede el rey de España.

Cuando el cielo se encapotó, Dalí dijo: “Ya estoy listo para Newton, que ha venido porque sabe que me muero”. Ya no había luz y tuve que sacar mi foco de 500 vatios para obtener esta histórica última foto».

* Las respuestas de este texto son extractos de 'Helmut Newton, Autobiography', Nan A. Talese, 2003 (http://nan-a-talese.knopfdoubleday.com/)

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