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PROYECTO SUBCULTURCIDE

Un retrato honesto de mi generación

Los jóvenes quieren ver y ser vistos. Las redes sociales sirven de altavoces y el estilo no es sólo ropa, es una actitud. En una generación donde la diversidad se valora como un tótem, ‘Subculturcide’ trata de narrar visualmente la actitud de los jóvenes de Madrid ante la cultura de la década del 2010

abr 16 / 2015

Nadie sonríe. Tampoco hay motivos para ello. La actitud parece pasiva, indiferente. No lo es. «Hay timidez, baja autoestima, dignidad, vergüenza, ego, dolor, enfrentamiento», explica Laura Carrascosa, una de las fotógrafas del proyecto. Hay colores, en pelo, piercings, tatuajes y ropa. Hay drogas, sexo y rock and roll. Nirvana baila a ritmo de reggaetón. Las mezclas atraen. Falta ilusión. "La puta crisis". Son jóvenes, ninguno sobrepasa los 25 años. No forman parte de la juventud idílica que la sociedad está acostumbrada a ver en televisión o publicidad. Pero están ahí, abre la ventana.

La idea de 'Subculturcide: Amar y vivir en el Madrid de los 2010' es mostrar los rostros de las subculturas urbanas madrileñas. Puede pasar por un álbum de cromos, pero el libro tiene mucho de estudio fotográfico y sociológico. El título tiene historia. «Me inspiré en el nombre de un grupo de punk americano de los 80 que se llamaba 'Culturcide'. Me llamó mucho la atención este nombre, le veía bastante relación con lo que quería mostrar: el final de una época y principio de otra. 'Subculturcide' representa el suicidio de las subculturas tal como las conocemos. No es que hayan desaparecido, el libro pretende ser una representación de la mutación que han sufrido en los últimos años», dice Andrea Ferrer, editora de la obra.

Las fotografías están tomadas en varias zonas de Madrid: Vallecas, Leganés, Getafe, Villaverde, Cuatro Caminos, Canillejas, Plaza de España, Parla y Ciudad Universitaria, entre otras. Si algo era importante era reflejar a la persona y el entorno. «La estética era lo primordial para la selección», comenta Ferrer. «Lo raro o extravagante era lo atrayente. Cada personaje tenía siempre un elemento que le caracterizaba. Hay gente con 'looks' increíbles que una vez es fotografiada se desvanece ante la cámara».

Subculturcide

Fotografía de Bree Zucker

Subculturcide

Fotografía de Juan Patiño

El momento previo a cada foto

El libro también sirve de escaparate a un grupo de fotógrafos entre los que destacan Bree Zucker, Juan Patiño y Laura Carrascosa Vela. Esta última reconoce que llegó a meterse tanto en el proyecto que no podía parar de fijarse en la gente y pedirles fotos. Respecto al 'modus operandi', «no era igual para todas las personas. Algunos tenían 'prisa' y si hablabas poco y hacías la foto rápido accedían y otros preferían hablarlo todo con calma e, incluso, volver a quedar después. La mayoría no me daba más de cinco minutos».

«La primera reacción solía ser de posado, pero después de intercambiar con ellos unas cuantas palabras, esa coraza iba desapareciendo. A pesar de que seguían manteniendo una postura a la defensiva o el rostro serio, la mirada sí cambiaba. Otras veces —casi siempre cuando había colegas alrededor y teníamos que apartarnos del grupo para poder hacer la foto sin mofas— les decía directamente que no posasen y que se pusiesen como si fuese una foto de carnet y a partir de ahí ya iba girando al sujeto y cambiando el ángulo», explica Vela.

En su opinión, los más esquivos eran 'chonis' y 'pokeros'. «Y los gitanos ya imposibles…». El hecho de ir barriada a barriada no implicaba necesariamente un cambio en la vestimenta. «Lo que sí que sucede —añade Vela— es que la corriente estética de cada zona se mueve por los locales que se encuentran en los barrios. El Hebe, bar mítico de heavys, o el Barbarie de punkis, están en Vallecas así que en esa zona encontrarás más personas de esta corriente que en otra zona, pero eso no quiere decir que vivan allí. Lo que sí que veo como rasgo común es que en barrios del centro no vas a encontrar toda esta diversidad y riqueza de grupos tan auténticos».

Subculturcide

Fotografía de Laura Carrascosa Vela

Subculturcide

Fotografía de Laura Jiménez

Drogas. Redes sociales. Adicciones

Si algo puede definir a una generación son sus rutinas y valores. En el caso de los jóvenes retratados en 'Subculturcide', sus motivaciones. Tras dos años de trabajo, Andrea Ferrer no se siente capaz de adjetivar lo que es estimulante y lo que no en la vida de un veinteañero. «Cada uno tiene una historia detrás que seguro desconozco». «Pero puedo decir que las cosas que mueven a los jóvenes son la angustia ante el paro, la incertidumbre por el futuro, la pasión por las marcas, las 'celebrities', las drogas y las redes sociales».

Cada lugar, cada contracultura, cada época tiene sus propias sustancias ilegales. Existen matices, pero quien decide acompañar una celebración con un 'aditivo' suele buscar lo mismo: empatía, evasión de la realidad, sentimientos positivos, socializar. En la generación '10 las redes sociales han creado cierta dependencia. De Twitter a Facebook. De Instagram a WhatsApp. El sociólogo David García-Aristegui lo aborda en el libro mediante una pregunta: «Qué oferta hay ahora de bibliotecas públicas, de canchas de deporte, teatro conciertos o de locales de ensayo para los jóvenes? La juventud es adicta a las redes sociales porque tampoco tiene nada mejor que hacer. Durante décadas la niñera ha sido la televisión para que los niños no molestaran».

La movida madrileña de los 80 fue un movimiento de regeneración cultural, aupado en parte por las subculturas juveniles, donde la libertad creativa era la expresión de la nueva democracia. El paso de los años ha hecho mella en el concepto. Para Andrea Ferrer, la tribu urbana como grupo estético sigue existiendo como tal, «simplemente los valores que cimentaban la cultura juvenil han dejado de existir. La escena 'underground' ha sido absorbida por el 'coolismo' de la industria cultural dentro de su maquinaría de mercantilización. Ahora casi todos los jóvenes son 'fashionables', las subculturas han dejado de lado su origen ligado a las clases trabajadoras para convertirse en un estado burgués».

Los jóvenes retratados en 'Subculturcide' aparecen de forma anónima, no hay nombres ni biografías. Solo la premisa de 'ver y ser vistos'. Cada uno intenta diferenciarse del otro. Gana el que consiga romper con las etiquetas y ser auténtico. Lo compartirá por 'whats', pero en la foto no habrá sonrisa.

Subculturcide

Fotografía de León Gallardo

Subculturcide

Fotografías de Laura Jiménez

Subculturcide

Fotografía de Laura Carrascosa Vela

Subculturcide

Fotografías de Bree Zucker

Subculturcide

Fotografía de Juan Patiño

Subculturcide

Fotografías de Laura Carrascosa Vela

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