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RELATO SEXUAL

Soñando en la Pizzería Roma

Eran las 12 de la noche cuando la pizzería Roma cerraba sus puertas. Frabrizio, romano de nacimiento, decidió cambiar de aires y viajar desde su ciudad natal hasta Valencia para abrir su negocio.La verdad es que no le iba nada mal. Solíamos tener bastante clientela y la caja al final de la noche era buena pero siempre se quejaba de que nadie le esperaba en casa.

jul 08 / 2017

Me contrató una tarde de domingo, con prisas. Ni siquiera me miró a la cara y después de tres meses creo que aún no lo ha hecho. Hasta esta noche que la vista se le torció más abajo de mis caderas.

La diferencia entre Frabrizio y yo es que yo vivía la vida de manera alocada. A mis 23 años prácticamente lo había hecho todo, bueno, menos tirarme en paracaídas o escribir un libro. La experiencia de plantar un árbol sin embargo, la llegué a repetir hasta tres veces.

Aquella noche mi jefe estaba contento y se esbozaba una pequeña sonrisa de sus labios. Algo realmente inquietante suponiendo que era el hombre más serio que había conocido en mi vida. Al darle las buenas noches me pidió que me esperase. Su acento me volvía loca, sus ojos verdes me enamoraban y su cuerpo

Me había imaginado su cuerpo en miles de ocasiones empolvado de harina. Desnudo de los pies a la cabeza le iba retirando con las manos el polvo blanco de su tórax mientras le pintaba con los dedos unos abdominales de adonis. Cuando llegaba a su pene lo cogía fuerte y le quitaba de un par de sacudidas todo lo restante hasta que se corría y me empapaba las muñecas.

En otras ocasiones me veía desnuda de cintura para abajo apoyada en la barra de la pizzería, con las puertas cerradas mientras me daba fuerte por detrás y me decía guarradas en italiano. Luego me giraba y me penetraban por delante su mirada y también su pene.

Me encantaba masturbarme pensando en él. Imaginando situaciones como las anteriores e incluso rezando a modo de profanación que algún día llegaría el momento en el que por fin me haría toda suya y nuestros cuerpos se fundieran en uno.

¿Cómo sería? Lo estaba viendo en mi cabeza e interiorizándolo en mi clítoris. Mientras le esperaba sentada en una de las mesas de la pizzería le iba abriendo poco a poco las piernas. Frabrizio me miraba de reojo; al mismo tiempo, yo comenzaba a retirar de forma disimulada mis braguitas de cuadros de los labios mayores…los de abajo. Me aseguré de que mi vagina quedaba totalmente a la vista para ponerle cachondo, pero la que estaba mojando la silla era yo.

Mientras hacía esta guarrada leía la carta de pizzas ¡Cómo si no me la supiera de memoria! Frabrizio seguía mirando entre mis piernas e incluso se llevó la mano al pantalón. Podía notar su erección hasta incluso su vientre.

Se acercó a mí y me cogió de la mano para ponerme de pie. Yo temblaba de deseo, la pasión inundaba mis venas y las ganas de echarle un polvo ardían en mi piel. Mis bragas ya llegaban a media altura de los muslos y una gota de sudor me caía por la pierna. Secó mi jugo con sus dedos y tan sólo con una mano me subió la ropa interior y me dijo con su acento romano: "vete a casa, se te está haciendo tarde".

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