Sexo

RELATO SEXUAL

Una suicida del sexo

Abrí la puerta de la habitación y apareció totalmente despeinado. Sólo teníamos tres horas para sacar lo mejor y peor de nosotros mismos sexualmente hablando. Yo me había arreglado para la ocasión a sabiendas de que el maquillaje no me duraría demasiado.

oct 24 / 2017

Él, sin embargo, apareció con el uniforme de trabajo y con su aspecto siempre desaliñado. Eso era exactamente por lo que estaba colgada de Hugo. Su locura y pasión combinadas a la perfección con la forma excitante con la que incendiaba mi cuerpo.

Me pidió que no me quitara los tacones levantándome de la cama. Cogida de sus manos enfrentó sus ojos con los míos. Eres increíble -dijo-. Y me abrazó durante minutos. Notaba como me olía el pelo, el cuello. A veces incluso pensé que balbuceaba mi nombre, un te necesito, un mi vida pero su boca enmudecía por la tensión del ambiente. A veces era tan frío que me hacía dudar de lo nuestro. Otras tan caliente que me llevaba a la habitación de un hotel. Tan fríos. Tan ardientes.

Me puso de espaldas a la pared y comenzó a quitarme la chaqueta a rayas. Debajo tan sólo una camiseta blanca sin sujetador. Mis pezones estaban tan puntiagudos que sobresalían del resto del cuerpo. Sus manos los buscaban por debajo de la ropa. Era la primera vez que me tocaba más allá de la espalda. Todo mi cuerpo se erizó. Mi corazón comenzó a pegar botes y mi alma se derrumbaba bajo mis pies sabiendo que era la primera vez y probablemente la última que notaría su tacto.

Se puso de rodillas aún tras de mí y en esa posición me bajó los vaqueros. Estaban apretados. El sudor provocado por los nervios había hecho de ellos una segunda piel. Sus ganas le estaban desesperando y me tiró con fuerza encima de la cama. Estiró de ellos llevándose el tanga por medio, rasgándolo por un lateral. Me comió entera durante tanto tiempo que en ocasiones pude llegar a marearme del placer. Estaba totalmente mojada. Temía que cuando me penetrara no pudiera sentir nada pero de repente paró justo antes de que llegara al orgasmo.

Su boca viajó de nuevo hasta la mía y me besó de una forma tan inmensa que moría de deseo con cada lengüetazo en los labios. Me encantaba como sus dedos apretaban mis carrillos dejándome boca de pez, mordiéndome poco a poco la vida.

Mi clítoris había dejado de palpitar y le quería dentro de mí. Me había convertido en un animal y ahora sólo me movía por instintos. Entre el frío del momento y el calor de nuestra piel. Rocé el cielo cuando llegó a lo más profundo de mi interior. Su vientre tocaba mis partes con cada movimiento mientras que su pene conseguía encontrar ese punto tan oculto en el interior de mi vagina.

Lancé un grito desgarrador cuando llegué al orgasmo. Le arañé la espalda, le tiré del pelo y fue justo en ese momento cuando salió de mi interior para irse en mi monte de venus. Sí, al final la experiencia fue maravillosa pero al acabar sólo fue sexo, sin más. Es increíble como las personas nos creamos expectativas sobre otros seres y nos colgamos de ideales que albergan en nuestras cabezas. Un deseo más realizado a la sombra de mi matrimonio. Quería parar cuanto antes pero no podía dejar de hacerlo. Era una víctima más de mis caprichos. Pasar del frío al calor y del calor al frío. Me había convertido en una persona tan fría que era capaz de helarme a mí misma. De no reconocer mis errores. De darme miedo con cada toma de decisión. Con cada trago de wiski. Con cada mirada perdida. Una suicida del sexo.

Síguenos en Facebook para estar informado de la última hora:

NOTICIAS RELACIONADAS

Comentarios