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LA FIRMA DE CINEMAX

Banshee, pura adrenalina

¿Demasiado clásica? ¿Demasiado básica? Pese a algunas críticas, Banshee, la serie que la cadena norteamericana Cinemax estrenó en enero, se ha convertido en uno de los mejores debuts de la temporada

mar 15 / 2013

Acción, violencia, sexo, venganza. Banshee es pura adrenalina, y ya se sabe que la adrenalina a veces nubla el juicio y la razón. Los primeros capítulos de la serie, estrenada el pasado enero por la cadena norteamericana Cinemax, presagiaron que a este 'True Blood meets Grand Theft Auto' se le agotaría la fórmula de sangre y culos en dos telediarios.

 Pero no hay que tomarse al pie de la letra lo de que el que espera desespera. Milagro televisivo, Banshee se ha convertido en una de las grandes de la temporada, con argumento de por medio y todo.

Honesta, directa y entretenida

Banshee es el pueblo al que llega un ex convicto, sin nombre y casi sin pasado, con la intención de recuperar a su novia, Anastasia,  que vive escondida como madre y esposa de otro hombre. Mientras sus socios, a los que Anastasia y el protagonista traicionaron tras marcarse su propio Romeo y Julieta, les pisan los talones. El protagonista –interpretado por el casi desconocido Antony Starrusurpará la identidad del sheriff Lucas Hood. ¿Su intención? Reconquistar a su compañera de fechorías, que se aferra a su nueva vida, repartir justicia y cepillarse a toda feligresa de Banshee.

Y no nos engañemos. En época de culebrones sobreactuados, fábulas fallidas y series que se miran el ombligo –que también nos gustan, ojo–, se agradecen ficciones con los pies en el suelo que ofrecen lo que quiere el público. Pero sin pasarse, que esto tampoco es Sálvame. Los productores primerizos Jonathan Trooper y David Schickler, en colaboración con veteranos como Alan Ball (A dos metros bajo tierra, True Blood), dieron en el clavo. Cinemax, la cadena de pago subsidiaria de HBO que no acaba de encontrar su blockbuster, ha puesto la pasta.

En busca del blockbuster

Puede que clásica para algunos, básica para otros, pero está claro que en ese virtuoso punto medio se encuentra Banshee. La serie se mete en harinas de éxito un tanto manoseado que no lucen mal en pantalla, desde el rollo justiciero —Lucas Hood y el Oliver Queen de Arrow empatarían en cualquier pulso que se precie— a la venganza.

¿Alguien lleva la cuenta de series sobre el tema en los últimos meses? Revenge e Infierno Sobre Ruedas entre ellas, pasando por el exotismo paleto-western de la ciudad sin ley. Y con amish incluidos, a lo Único testigo.

Banshee, además, se sabe los trucos del cine blockbuster al dedillo, y lo deja claro desde el principio. La acción, la violencia y el sexo son el alma de la serie. Las persecuciones de Banshee huelen a miles de dólares en efectos especiales, Antony Starr recibe más guantazos que Bruce Willis en las cinco de Jungla de Cristal y hay carne como en un episodio de Juego de Tronos. Primitivismo seriéfilo, sí, pero del que no provoca remordimiento de conciencia, sobre todo cuando la peliaguda historia de Hood y Ana vuelve a coger color. ¿Qué por qué mola Banshee? Es honesta, directa y entretenida, algo de lo que no todas pueden presumir.

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