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QUINTA TEMPORADA

Homeland vuelve más actual y polémica que nunca

El ejemplar televisivo más célebre de la conspiranoia política ha regresado con una apuesta arriesgada, inspirada en el caso Snowden y en la ofensiva del Estado Islámico, pero enfrentada también a una controversia viral. ¿Es Homeland una serie racista?

oct 26 / 2015

Pocas series de televisión actuales han tenido una vida tan complicada como Homeland. Vivió la brillantez creativa, el aplauso de los críticos y las entregas de premios gordos, pero también el estúpido criterio de la cadena Showtime, el sobreanálisis social y su caída en desgracia. Es casi imposible al verla hoy, en su quinta temporada, desprenderse de la sensación de que esa Homeland es otra diferente a la que vimos en sus comienzos. Aventurar si es mejor o peor también es difícil; en la cuarta entrega, el reboot que tocaba tras la marcha de Damian Lewis, descubrimos una ficción más clásica pero igual de efectiva, diferente a la paranoia caótica que conocíamos. ¿Preferimos una Homeland convencional pero trepidante y que funcione o la bipolar, imprevisible pero más arriesgada? O como apuntaban el otro día en un medio digital estadounidense: ¿preferimos a la Carrie Mathison dopada o a la que va sin manos?

Los nuevos capítulos de la serie, que regresó hace unas semanas a Showtime y a FOX TV, intentan un remedo de esas dos Homeland, con una aventura que comienza de cero pero dos perchas de actualidad imprescindibles: el caso Snowden y el Estado Islámico. Ambientada en Berlín dos años después de los atentados de la cuarta temporada, con una Carrie Mathison con la vista hacia el cruel exterminio que sucede en Siria, Homeland es el retrato televisivo más certero del ISIS y de los intereses políticos que hay alrededor, con seguridad el más accesible para el espectador medio. Parece como si sus creadores, Alex Gansa y Howard Gordon, hubieran visto The Honourable Woman, la miniserie británica sobre el conflicto entre Israel y Palestina que se hizo con el oro de nuestro ranking de 2014. Homeland nunca ha sido tan políticamente actual y valiente como ahora. 

Snowden, el ISIS y una controversia peliaguda

Una polémica reciente, sin embargo, ha puesto en juego la credibilidad de Homeland. Heba Amin, de Arabian Street Artists, un grupo de grafiteros contratado para ambientar una localización de Berlín como si fuera un campo de refugiados sirio, reconoció que sus pintadas, que aparecieron en el segundo capítulo de la temporada, acusaban al equipo de la serie de racistas, y que la emisión se realizó sin que nadie se hubiera molestado en comprobarlo. En un comunicado publicado en su propia página web, el artista egipcio se hacía eco de una queja hacia la ficción que viene de largo: la imagen imprecisa y maniquea del mundo árabe, no solo por su relación con el terrorismo islámico, sino por el reflejo mal documentado de sus diversas etnias, religiones, modos de vida y ciudades. En Occidente esto ha pasado desapercibido, pero gracias a la acción visible de Arabian Street Artists ya no estamos solo ante una reflexión local

¿Creéis vosotros que Homeland es una serie xenófoba? ¿Es un problema de ambientación más que de discurso político, como se ha criticado en España a El Príncipe o Mar de Plástico? ¿Debemos diferenciar siempre realidad y ficción? Aunque hablamos de una producción que intenta huir de las visiones polarizadas, pues en ella ni los buenos ni los malos lo son tanto, sí es cierto que esa dejadez a la hora de representar un universo social no es solo cutre, sino un sesgo racista en sí mismo. Y más cuando Homeland bebe tanto de la realidad, del momento contemporáneo, y sirve como casi única referencia popular a temas tan espinosos (tanto que a veces se le ha tildado de propaganda yanqui). Los productores han preferido no mojarse, pero tal controversia es lo último que necesita una ficción tan deliberadamente política como esta.

Los grafitis de la vergüenza han llegado justo cuando Homeland se encuentra en una etapa muy prometedora, quizá su mejor momento desde la segunda temporada. Desde luego lo es en el abordaje de cuestiones muy punteras, como el caso de Edward Snowden, la vigilancia civil o las posturas gubernamentales frente al ISIS, y la Administración estadounidense no sale bien parada en nada. También han recuperado para la quinta entrega a una Carrie Mathison a pelo, en un conflicto usual de la serie, entre la cordura y su inteligente paranoia, pero con un giro muy interesante. Perseguida por la CIA, amenazada por una venganza personal, la reina Dron se desmorona también por la culpa de todos aquellos a los que eliminó en su cruzada antiterrorista. ¿Metáfora de EEUU? Homeland, más actual y polémica que nunca. 

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