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LA HISTORIA DE APHRA BEHN

Instrucciones para ser una espía del siglo XVII

Sí, sabíamos que en el siglo XVII ya existían mujeres espías. Enfermeras, damas de honor, tenderas, mujeres de la nobleza… Las mujeres eran consideradas por la sociedad sujetos políticamente no activos por lo que pasaban totalmente desapercibidas. Entre sus instrumentos de espionaje descubrimos mensajes secretos entre vinagre, agua fría, huevos y alcachofas gracias al trabajo de la profesora de Nadine Akkerman

feb 19 / 2016

En Europa, a mediados de 1600, si eras hombre y espía corrías el peligro de ser condenado a la horca si te pillaban. En cambio, si eras mujer, podías llegar a sentirte "afortunada": en Londres, por ejemplo, la condena se reducía a una estancia "relativamente cómoda" de tres meses en la famosa Torre de Londres. En una sociedad donde ser mujer era sinónimo de no tener voz ni voto, las espías hacían de esto su mejor arma. Las informantes podían esconderse en cualquier sitio: damas de honor, dramaturgas, enfermeras, tenderas, miembros de la nobleza… el papel de las mujeres en el espionaje en la Europa del siglo XVII fue mucho más extenso e importante de lo que se supone. No, no solo la criptografía es el idioma preferido de nuestras espías. 

onsiderada la primera escritora profesional de la historia inglesa

"Todas las mujeres deberían llevar flores a la tumba de Aphra Behn, pues fue quien consiguió para ellas el derecho a expresarse libremente"
Virginia Woolf

Considerada la primera escritora profesional de la historia inglesa y reivindicada por la gran Virginia Woolf en 'Una habitación propia', la incomparable Aphra Behn fue poeta, novelista y sí: espía. Una mujer independiente con principios, valores e ideas no acordes a la época en la que le tocó nacer. Sus obras, en las que trata la relación entre el sexo y el poder, tanto en el plano personal como político, fueron tachadas de escandalosas, y entre otros "piropos" que le soltaron: el de puta por escribir. Pero Behn no agachaba nunca  la cabeza ni bajaba la voz, tenía muy claro que todo se reducía al simple hecho de ser mujer. Sabía que si sus obras hubieran sido escritas por un hombre no habría espacio ni razón para la polémica. Bajo el nombre de Astrea, trabajó como espía para el rey Carlos II durante la guerra de Holanda. En su tumba se lee: "Aquí yace la prueba de que el ingenio nunca puede ser suficiente defensa contra la mortalidad."

Pero, ¿de qué trucos se valía una mujer espía en el siglo XVII? 

onsiderada la primera escritora profesional de la historia inglesa

Elizabeth Stuart

La profesora Nadine Akkerman de la Universidad de Leiden estaba estudiando la correspondencia de la reina de un solo invierno, Elisabeth Stuart, durante su exilio en la Haya, cuando descubrió que ésta estaba repleta de códigos secretos. Las cartas enviadas por los canales oficiales contenían información superficial, y la mayoría de las veces falsa. En cambio, las que se enviaban a través de Bruselas y Amberes traían consigo multitud de cifras escondidas a simple vista e incluso de mensajes escritos con tinta invisible. Akkerman se quedó boquiabierta. ¿Qué necesidad tenía la reina de corazones para hacer uso de este tipo de correspondencia secreta?

Huevos y alcachofas para el contrabando de secretos

Producidos  por el MIT (Academic Media Production Services) y dirigidos por ella misma, Nadine Akkerman recrea paso a paso en estos vídeos que hemos conocido gracias a Atlas Obscura, los increíbles y peculiares trucos que usaban nuestras protagonistas hace ya más de 300 años. Por ejemplo, una cesta de huevos se convertía en el aliado perfecto para ocultar mensajes secretos, porque ¿quién se pararía a inspeccionar una cesta corriente de huevos? 

Preparación: el huevo se remoja en vinagre para ablandar la cáscara. Una vez que se encuentre suficientemente blanda, el huevo se corta con un cuchillo, haciendo una pequeña hendidura. Ahora es cuando colocamos el pequeño trozo de papel plegado con nuestro mensaje secreto dentro del huevo en una pequeña hendidura. Una vez realizado, colocamos el huevo en agua fría para volver a endurecer su cáscara.

Akkerman cuenta que descubrió una carta de 1656 en la que una mujer espía le pide a su hermano comunicarse con ella a través de alcachofas. Y como no, también decidió hacer la prueba y demostrarlo. Sí, el jugo de la alcachofa también sirve como tinta invisible. La escritura secreta se revela a la luz del calor de una vela.

Para algunos, este tipo de técnicas les parecía algo más propio de la brujería que del espionaje. Para Nadine Akkerman, es una prueba del ingenio de estas mujeres para burlar lo establecido por la sociedad. Una manera nada corriente de hacer historia.

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