Starz

EL ETERNO DEBATE

Las tres caras del amor

Quizá sea verdad que nosotras, las mujeres, somos imposibles de contentar. Quizá sea verdad que a los hombres les ocurre lo mismo. Quizá sea también verdad que no nos interesa contentarnos. ¿Adónde irían a parar nuestros deseos si pudiésemos realizarlo

abr 13 / 2013

Hoy, a la hora del aperitivo, he discutido con un amigo. De amor, como no podía ser menos. Como siempre. Menudo aburrimiento. Me aburro sola, me aburro de mí misma. Todas estas conversaciones sobre el amor ¿no darán al traste con el sentimiento? Todos estos razonamientos sobre una cuestión tan irracional ¿no generarán cortocircuitos de los que nos arrepentiremos cuando ya no tengamos la posibilidad de vivir realmente el amor? 

Aun así, me veo en la obligación de contar lo que mi amigo y yo nos hemos dicho. Cualquier pieza nueva que se introduce en el ya de por sí complicado dibujo debería servir para resolverlo, siempre y cuando le interese a alguien. Así pues, escuchad también mi (nuestra) versión.

El amor perfecto se divide en tres partes: emotiva, intelectual y erótica. En nuestros sueños amorosos la relación ideal es la que logra concebir y abarcar los tres aspectos de manera armónica, vibrante y creativa. Lo que, traducido, significa: un hombre atractivo que sepa comprender nuestras necesidades emotivas, que sea capaz de hablar a nuestro corazón con el suyo, con el que sea posible discutir sobre literatura, política, arte, y organizar viajes y aventuras memorables

Por último, debe ser asimismo capaz de valerse tanto del corazón como de la mente para sublimar esa cuestión terrena que es el eros. Ahora bien, éste es el amor perfecto, el que no existe, porque, de ser así, nos aburriría a todos. ¿Qué sobrevive de todo esto  en la vida que hay más allá de los sueños?  Unos intentos desesperados de crear armonías donde los espacios están vacíos y el sonido es irreproducible. 

Una de las partes predomina

Vivimos relaciones muy largas en las que sólo predomina un aspecto y en las que los otros dos quedan aplastados. Tratemos de imaginar de un conjunto, llamémoslo Amor. Dentro de él dibujaremos tres subconjuntos: Intelecto, Emoción, Eros. La perfección consiste en que los tres subconjuntos coincidan en la misma circunferencia. El problema es que, a menudo, el Intelecto es mayor que la Emoción y, en consecuencia, el Eros es inexistente. O bien el Eros es enorme, y el Intelecto y la Emoción desaparecen engullidos en un agujero negro.  

¿Cómo puede confluir todo en una única persona? ¿Es posible que un día aparezca un compañero que conjugue a la perfección los tres subconjuntos? ¿Somos capaces de cultivar los tres aspectos en nuestro interior? Las revoluciones, ya se sabe, no empiezan en el exterior. Antes de obtener algo de los demás debe cambiar algo en nosotros mismos. 

La totalidad

Así pues, el primer paso que hay que dar es tener desde un principio la totalidad: poco importa que sea un poco de cada cosa, lo que cuenta es que contemos con todo. No se pueden pasar por alto ciertas cuestiones con la confianza de que cambiarán con el tiempo.  

Si él nos suelta una memez en la primera cita no debemos pensar que al día siguiente dirá algo inteligente; si no lo sentimos próximo la primera vez que tenemos necesidad de él es evidente que no es capaz de sostener nuestra fragilidad; si hoy no comprende cómo funciona nuestro deseo erótico no lo hará mañana. Luego tendremos aún algo más de qué lamentarnos, es obvio. Pero en algún lugar, de manera precisa e innegable, estaremos contentas. 

Síguenos en Facebook para estar informado de la última hora:

NOTICIAS RELACIONADAS

Comentarios