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LA HISTORIA PARALELA

Llanto, sangre y soledad: el otro espectáculo de Buffalo Bill

Éric Vuillard ajusta las cuentas y recuerda que siempre hay otra historia aparte de la contada por el ganador. Tristeza de la tierra, la otra historia de Buffalo Bill publicada por Errata Naturae, es un alegato valiente y precioso por los desaparecidos y los perdedores, por los que tuvieron que dejar sus tierras a la fuerza, por toda la sangre derramada y la destrucción de un pueblo

dic 04 / 2015

"En todos los cementerios hay una división para los pobres, una parcelita mal cuidada, recubierta de una pesada trampilla, sin cruz, sin nada. A veces reposa sobre la tierra un guijarro, un ramillete seco, alguien escribe con tiza un nombre o una fecha en el suelo. Eso es todo. No existe nada más conmovedor que esas tumbas. Son quizás las tumbas de la humanidad. Hay que quererlas mucho"
Éric Vuillard.

La historia puede que no sea como es contada. Puede que, quizás, aún no lo sepas, pero parte de tu pasado, tampoco sucedió como crees recordar. No sé dónde oí o leí acerca de un experimento que se llevó a cabo durante años por un grupo de científicos y psicólogos con personas que habían presenciado o vivido de cerca el 11S. Cada año, lanzaban la misma pregunta: ¿Dónde te encontrabas y con quién en el momento de los atentados? Los resultados no fueron los esperados. Las respuestas iban cambiando poco a poco cada año, y por supuesto, los entrevistados, ni se inmutaban. Y la ciencia lo confirma: nuestros recuerdos son constantemente manipulados. Posiblemente la historia que cuentas cada dos por tres de cómo conociste a tu pareja, cómo aprobaste esa asignatura del demonio o esa batallita de la que están hartos todos tus amigos no se asemeje casi nada a lo que ocurrió en realidad. Algo así, también puede ser equiparable con el espectáculo. Imagínese en el siglo XIX. Olvídese, por supuesto de pantallas, redes sociales o Wikipedia. Piense en un acontecimiento histórico, en una imagen o en alguna fecha singular. Añada música, redoble de tambores, expectación. Dedíquese a viajar por todo el mundo anunciando "su evangelio" particular. Cambie los hechos, anule las palabras masacre, erradicación o abandono. Y como no, ni se le ocurra estar en el bando de los perdedores. Sí: ahora sí que puede comenzar el show. 

¿Cuál es la esencia del espectáculo?

Buffalo Bill1

Esta es la pregunta que lanza el escritor francés en las primeras páginas de Tristeza de la tierra, la otra historia de Buffalo Bill. ¿De qué está hecha la maquinaria de un espectáculo que atrae a veinte mil personas día y noche? Caballos, árabes, cosacos, gauchos, vaqueros e indios… y colores, muchísimos colores, plumas y carreras. William Cody, el verdadero nombre de Buffalo Bill supo rehacer y apropiarse de la historia de su país para contarla una y otra vez en forma de show, donde por supuesto, él hacía el papel del bueno y del vencedor. Con su espectáculo, Wild West Show, recorrió el mundo entero matando con balas de fogueo a los indios que estaban siendo víctimas de una masacre bestial. Los mismos indios que se vieron forzados a abandonar su tierra y su cultura, a no tener otra alternativa que formar parte del escenario. A aprender lo "que hacían los indios de verdad" como las palmadas en la boca mientras arranca la voz para  el público y el espectáculo. Aquí, los abucheos son para los aniquilados, los aplausos, para los aniquiladores. 

"Los últimos peregrinos del mundo serán cuadrillas miserables, pueblos perseguidos, gentes desterradas o excluidas. Serán largas filas de muertos"

Wounded Knee o qué difícil es quitar las manchas de sangre de la nieve

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"Y de vuelta al tajo: brazos y pies, el cuerpo balanceándose. Un hombre dormido. Otro que duerme, y otro: ¡todos duermen! Y echan la cabeza a un lado y los brazos se quedan apresados bajo el vientre, adoptando una postura extraña. Y siempre el rostro, esos ojos muerto, el ojo de caballo."

Hay una reserva india de Pine Ridge, en Dakota del Sur, donde la nieve nunca volverá a tener un color puro y limpio. Aquí la tierra sigue manchada de horror y de sangre. El 29 de diciembre de 1890 murieron lejos de su hogar, 300 indios de la tribu lakota. Un paisaje marcado por la tragedia, una fosa común para un pueblo que no tenía a donde ir y que encontró la muerte cerca del arroyo de Wounded Knee. Cuentan que terminada la masacre comenzó a nevar, como si los pequeños copos quisieran apropiarse de los cuerpos y de la sangre. No pasaría mucho tiempo, aunque no el dolor y la vergüenza, para que Bill hiciera su aparición en el lugar. Su objetivo: apropiarse de todo lo que quedara en el campamento: enseres, trajes, tiendas… incluso los pocos caballos que pudieron sobrevivir. El bueno de Bill necesitaba todo lo posible para que pudiera seguir el show: ahora podría representar una y otra vez por todo el planeta la masacre de Wounded Knee

El pájaro perdido o una niña indígena robada disfrazada de india 

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Pero Vuillard nos cuenta que no solo se llevaron las pertenencias de los vencidos en Wounded Knee. Entre la espesura y la nieve, un llanto rompía el silencio y el paisaje. Una niña recién nacida no paraba de llorar entre los brazos rígidos de su madre muerta. No sabemos por cuánto, pero Buffalo Bill y su compañero de escena, Burke, vendieron la niña a un general llamado Colby. La familia, desde pequeña, la convirtió en diana de periódicos y cotilleos. Una pequeña indígena "convertida" a la civilización. La llamaron Marguerite Colby, aunque cuando llegó a los veinte años se cambió el nombre por Zintkala Nuni. Y como no, terminó devorada por la civilización y el espectáculo. El pez que se muerde la cola. Una india de verdad disfrazada de india de mentira. Un pájaro perdido, otro juguete roto para el gran "Wild West Show".

La soledad del vencedor

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No puede tener más razón Éric Vuillard cuando sentencia que la civilización es una enorme bestia insaciable. Un monstruo que aniquila todo lo que encuentra a su paso, incluso a los mismos que la cuidan y le dan de comer. En su espectáculo, Bill era el héroe, el vencedor, el aplaudido. Representaba los valores del pueblo americano. A su lado, Toro Sentado se resigna: esta es la vida que le espera, la de los abucheos y la soledad tras el telón, después, vendrá el asesinato disfrazado de rebelión. Pero la enfermedad no solo alcanza a los perdedores y a desterrados. William Cody morirá solo, sin pena y sin gloria, devorado sin compasión por la misma bestia que representó una y otra vez. Mutilado por el propio personaje de Buffalo Bill

Toro Sentado lo decía: "somos una isla en un mar de blancos." Un trocito de tierra que se vio forzada y abocada al destierro y abandono. Un oasis de costumbres que hoy sólo es un espejismo, un anhelo, una tenue luz. Pero no silencio, porque al menos, queda la literatura para devolver la voz a todos aquellos que fueron perseguidos y callados a la fuerza

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