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THE BIG BANG THEORY

Todos somos Sheldon Cooper

El protagonista de The Big Bang Theory nos ha enseñado que todos somos un poco nerds y que en la televisión actual también hay cabida para nosotros, personajes diferentes y auténticos. Hablamos con el crítico Toni de la Torre, autor de La vida según Sheldon, sobre los secretos del fenómeno Cooper

nov 21 / 2014

Que The Big Bang Theory se haya convertido en la sitcom más vista y popular en EEUU debe de extrañar incluso a sus creadores. ¿Una comedia protagonizada por un grupo de nerds, geeks y frikis y sus luchas (o no) por adaptarse al mundo real? En plena revitalización de su éxito en la cadena CBS, que ha hecho de ella la nueva Friends firmando salarios de un millón de dólares por episodio hace solo unos meses, y del incansable culto a su personaje protagonista, Sheldon Cooper, The Big Bang Theory se ha convertido en el fenómeno que no cesa después de ocho temporadas. Quizá es que todos tenemos algo en común con esos outsiders que lo son casi por vocación. Quizá es que todos somos Sheldon Cooper, ese líder de los losers excéntrico e irritante.

Esta es la idea de partida de La vida según Sheldon (Timun Mas), la enciclopedia de curiosidades que el crítico de televisión Toni de la Torre ha publicado a propósito del último icono televisivo, síntoma de que The Big Bang Theory triunfa en España y en otros países además de en EEUU. «Lo que me llamó la atención fue que era un tipo de personaje que tradicionalmente había sido un secundario en las ficciones, ya sea en televisión o en el cine. El nerd ha sido siempre el resorte cómico de apoyo a los personajes 'normales'», comenta Toni de la Torre sobre por qué serie y protagonista son tan especiales: «Personajes como Sheldon son una defensa de la singularidad, de ser diferente a lo convencional, y eso se puede traducir en muchas etiquetas».

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Una arcadia para personajes singulares

«El mundo que presenta The Big Bang Theory es una arcadia en el que estos personajes pueden vivir su singularidad sin problema», acierta Toni de la Torre. La sitcom nació en 2007 de la mano de Chuck Lorre, un veterano en el género curtido en series populares por su juego con algunos estereotipos como Roseanne (que además de estar protagonizada por un matrimonio con sobrepeso dio cabida a «una familia blue collar, representante de la clase trabajadora que apenas puede llegar a fin de mes»), Dos hombres y medio o Mom, y en TBBT fue el turno de los nerds. El mérito de esta última es en realidad del equipo de Bill Prady, guionista a cargo de la labor dura de la serie, quien le dio esos apuntes «mucho más ocurrentes y divertidos» que la diferencian de otras ficciones de Lorre. La química de su trío protagonista, Jim Parsons, Johnny Galecki y Kaley Cuoco, hicieron el resto.

«Que pusieran a los nerds como protagonistas y  que además la serie tuviera tanto éxito me llevó a deducir que quizá los espectadores tengan más en común con el nerd que con el personaje 'normal', con el viciado a los videojuegos que con la estrella del equipo de fútbol, con la chica que lee libros de fantasía que con la animadora», explica De la Torre. Fue así cómo aprendimos a amar a Sheldon Cooper, no solo por sus rarezas, sus triples tocs en la puerta de Penny, sus Bazinga o su inamovible asiento en el sofá, sino por la incuestionable defensa de su lugar en el mundo. «Es un personaje que no acepta las convenciones ni permite que el mundo le diga cómo debe ser, y eso le gana el factor del público a pesar de que a veces sea realmente irritante. Él nunca se deja doblegar por cómo debería ser y siempre es honesto, aunque sea inconveniente».

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Más allá del fenómeno Bazinga

Liderada por Sheldon Cooper y desde la fórmula de la comedia, The Big Bang Theory se animó a seguir la estela de protagonistas difíciles que popularizó años antes también en abierto el doctor House. «Ambos tienen en común el hecho de poder llegar a ser muy bordes y antipáticos, muy honestos y directos: dicen la verdad. Eso es algo que el espectador creo que aprecia y celebra más allá de las rarezas», comenta Toni de la Torre sobre la inspiración y las influencias de la serie. El personaje de Jim Parsons, con su orgullo asocial y su miedo al mundo real, alzó su propia pancarta para defender la normalidad de los perdedores (algo que posteriormente haría Ryan Murphy en Glee, entre otras) y se dotó de matices peliagudos, como el síndrome de Asperger, que vimos más tarde en Abed, de Community, en Sonya, de The Bridge, o en Will, en Hannibal.

La vida según Sheldon, además de una lectura divertida para incondicionales de la serie, es una elección ideal para conocer esos detalles que han hecho de Cooper a lo largo de estos siete años un fenómeno tan popular, gracias en gran parte a la magia que le ha concedido Jim Parsons. Las sitcoms, con sus tretas aparentemente facilonas pero accesibles, tienen un gran impacto social, en el imaginario de los espectadores, y el caso de The Big Bang Theory es especial. Ha logrado alzar a un héroe tan prosaico y repelente, pero con el que todos nos podemos identificar, y nos ha descubierto que también hay sitio para los personajes en los márgenes, auténticos, alejados del arquetipo o que, al menos, proponen otro arquetipo. Ese es el verdadero fenómeno de Sheldon Cooper.

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