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LA REVOLUCIÓN DE LAS ATLETAS AFRICANAS

Ellas corren, ellos cocinan

La keniana Florence Kiplagat ha vuelto a batir récord mundial de medio maratón femenino. Una hora, cinco minutos y nueve segundos es lo que tardó la atleta africana en correr algo más de 21.000 metros. Si hubiese sido por su exmarido, nunca se habría proclamado campeona, pues tras quedarse embarazada la instó a que abandonase el atletismo. Ella, como muchas otras, opinan que gracias a este deporte las mujeres de algunas zonas rurales de África se rebelan contra el machismo que las relega a las tareas domésticas. No. Ahora, cada vez más, ellas corren y ellos cocinan

feb 17 / 2015

Sus piernas son tan veloces que no parece posible que estén hechas de carne, músculo y hueso. Corren. Corren tan rápido que parece que el viento erosione sus caras hasta dejarlas sin nariz, ojos ni boca. Llevan años levantando el polvo de la tierra rojiza con sus pies. Antes para ir al colegio, ahora como profesión. A pesar de lo que la tradición les decía, que tenían que quedarse en casa con los hijos, el marido y la ropa sucia, ellas decidieron ser liebres, y libres, como ellos. El atletismo está transformando las costumbres en algunas zonas rurales de África, especialmente en Kenia y Etiopía, cuna de los mejores fondistas.

Esto es precisamente lo que expone el documental '01:05:12. Una carrera de fondo', de los periodistas Javier Triana y Rubén San Bruno. Iten, una pequeña ciudad al oeste de Kenia, es el epicentro del atletismo mundial, un deporte que está suponiendo una revolución un tanto indigesta para muchos hombres. «Las mujeres se están independizando gracias al atletismo. Ha sido una manera rápida de conseguirlo porque ahora tienen recursos y dinero y ya no tienen que depender de nadie», explica la corredora Lornah Kiplagat en la cinta. La mentalidad machista ha enquistado —y aún lo hace— al pueblo africano, tal y como denuncia el entrenador de maratón Renato Canova: «El hombre tenía la obligación de ir a cazar y de defender a la familia. Y la mujer, encargarse de todo lo relacionado con el hogar. Con el tiempo, el hombre ya no va a cazar porque compra en el supermercado y tampoco hay guerras, salvo cada diez años en las elecciones. Pero aunque ya no existe ninguna de las dos cosas, ellos no se han hecho cargo de parte de las tareas que hacía antes la mujer. Simplemente, ya no hace nada. Y la mujer sigue haciendo lo que ha hecho siempre».

«Siempre he pensado que las chicas hacen más por su familia, asumen más responsabilidades. Si miras alrededor, la mayoría de la gente que está sentada por ahí son hombres. No hacen nada, simplemente pasan el rato o pasean, pero es muy difícil que veas a una mujer sentada sin hacer nada», sentencia Lornah Kiplagat. Javier Triana asegura que ellas, hoy por hoy, «no son del todo conscientes de que están impulsando el cambio». «No están abanderando una revolución feminista». La clave reside, según apunta el periodista, en que gracias a ellas se produce un 'efecto espejo': «Cuando estas corredoras vuelven a su comunidad, explican los cambios que ven fuera: que su dinero no tiene por qué manejarlo el marido, que pueden emanciparse, que pueden ser útiles».

«Cuando les contamos a familiares y amigos lo que hemos visto fuera, su mentalidad cambia también», relata Florence Kiplagat, que ha vuelto a batir un récord mundial en el Medio Maratón de Barcelona al superar la propia marca que estableció en 2014: de 01:05:12 a 01:05:09. Precisamente este cambio al que aluden Triana y Kiplagat se observa en el documental, cuando la atleta acude a la peluquería de su amiga Nancy, que con 26 años ya tiene su propio negocio. «El atletismo ha creado puestos de trabajo para algunas chicas solteras como Nancy. Cuando las atletas vamos a su peluquería, ella puede ver los cambios que ha habido en nuestras vidas y puede hacer lo mismo para salir adelante. De hecho, ahora está trabajando mucho con mujeres atletas y ha evolucionado. Ahora es Nancy quien va a zonas rurales y trae a algunas chicas solteras para que hagan lo mismo. Y me doy cuenta de que no nos vamos a volver a quedar atrás», apunta Florence Kiplagat.

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La atleta Florence Kiplagat arreglándose el pelo en la peluquería de su amiga Nancy, en Iten (Kenia), antes de viajar al Medio Maratón de Barcelona 2014. Fotografía de Takeshi Kuno. 

El dinero ya no es de los hombres

«Hace años, en algunas entrevistas, cuando hacía preguntas a las mujeres, estas miraban al marido y ellos respondían en su lugar. Ahora ya no están, o lo están mucho menos, a merced de sus parejas. Ellas tienen capacidad de análisis y lo demuestran. Han ganado confianza», señala Triana sobre los cambios sociales que se empiezan a percibir. Ahora son ellas, en muchos casos, el sustento económico de la familia, destaca el entrenador Renato Canova. «En algunas familias, el marido era un corredor del montón. Cuando la mujer le ha superado, él ha seguido pensando que tenía su papel. No importaba quién ganaba el dinero: las decisiones de cómo gastarlo eran exclusivas del hombre».

Uno de los ejemplos que el periodista, junto a Rubén San Bruno, ha retratado en la pieza es el de Agnes Kiprop, ganadora de numerosos maratones de importancia media. «Era mi dinero, pero él quería decidir cómo invertirlo. Yo pagaba el colegio, la casa, todo, mientras la otra persona igual estaba borracha... Decidí quedarme sola con mis hijos», reconoce. Respecto al tema económico y la idea que aún resiste en el imaginario masculino de que el dinero es de ellos, Caroline Chepkwony comenta lo siguiente en el documental: «Mi manager me decía: "¿Por qué compartes tu dinero con tu novio?". En Alemania [donde ha entrenado durante seis años], me di cuenta de que para algunas mujeres cuando el dinero es suyo, es solo suyo. Pueden mantenerse ellas solas».

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Una mujer entrena, en medio de una marea de hombres, en el estadio de Kamariny, en Iten. Fotografía de Takeshi Kuno.

No es el caso del atleta James Ebenyo, casado con Sharon, quien mantiene una actitud más igualitaria respecto a los roles de cada uno, poco común todavía pero incipiente desde que ellas comenzaron a ser liebres. «Le tengo que consultar a mi mujer: "Quiero comprar esto, ¿te parece bien?". Tenemos que decidirlo juntos», cuenta Ebenyo en el documental. «Lo poco que tengo lo compartimos. Y lo poco que tiene ella lo compartimos igualmente. Y también nos repartimos las tareas. Por ejemplo, a la hora de hacer la colada, mi mujer lava la ropa y yo entro en la cocina y preparo la comida y comemos juntos», añade.

Javier Triana pretende, una vez más, «constatar que el deporte es un agente ideal para propiciar el cambio». «El deporte transmite valores como el esfuerzo, que se deben extrapolar a la sociedad», apunta. Mientras lees esto, cientos de críos y crías en Iten, a 2.400 metros sobre el nivel del mar, corren cinco kilómetros para no llegar tarde al colegio, otros cinco kilómetros para ir a casa a comer, cinco más para acudir a las clases de la tarde y los último cinco, andan, ya no hay prisa. Futuros y futuras atletas que la tierra roja ha parido.

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Un grupo de atletas, entre ellas Caroline Chepkwony y Agnes Kiprop, entrenan al amanecer en los caminos circundantes a Iten. Fotografía de Takeshi Kuno.

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