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LA CULTURA 'BANANA'

La nueva generación de chinos en España

Se dice que los chinos trabajan muchas horas, que son discretos y que, en la mayoría de casos, son reacios a sumergirse demasiado en la cultura española por si eso va en detrimento de la suya propia. Pero, ¿y sus hijos? La integración completa de los niños de familias chinas que ya han nacido aquí es cada vez mayor

oct 11 / 2013

«Cuando era pequeña, ni siquiera me reconocía a mí misma como china. De hecho, señalaba a chinos por la calle y les decía a mis padres: "¡Mira, un chino!"», cuenta Quan Zhou wu, una joven diseñadora gráfica de 23 años que nació en un taxi de Algeciras. «Sí, mi madre sintió un dolor repentino y, poco después de montarse en el taxi para ir al hospital, nací yo. Mi padre suele bromear con que mi madre, en vez de parir niños, pone huevos».

Y así, con un ¡oh, sorpresa!, nació esta «andaluza un poco china», como ella misma se define. «¿Que si tengo acento andaluz? ¡Claro! Tengo acento andaluz hasta hablando chino», bromea. Quizá su caso no sea representativo de la segunda generación de chinos en España, pero es más común de lo que creemos.

Sus padres querían que Quan trabajase de por vida en el restaurante que regentan, pero al final aceptaron que se mudara a Madrid para estudiar lo que quería. Incluso han asumido que esté con Alfredo, un novio «español y paupérrimo». «La brecha entre nosotros es devastadoramente grande, pero el amor que nos tenemos hace que nos aguantemos mutuamente». Tanto la distancia cultural como el amor en la familia Zhou wu se adivina rápidamente en las viñetas que Quan dibuja en su tumblr autobiográfico recién estrenado, ‘Gazpacho agridulce’.

MamaZhou

El caso de Susana Ye es similar al de Quan. «Soy Yuan Yuan Je Yin, aunque he nacido en España y todos me llaman Susana» es su carta de presentación. Natural de San Juan (Alicante), tiene 22 años y estudia Periodismo y Comunicación Audiovisual en Madrid. Sus abuelos, procedentes de Qingtiang, una zona rural y muy tradicional, llegaron a Barcelona en los años 80, donde montaron un restaurante. Poco después, la hija de la pareja se trasladó allí también.

Fue en ese restaurante donde los padres de Susana se conocieron. Juntos crearon su propio restaurante chino en el municipio alicantino. «Mis abuelos y otros conocidos les prestaron dinero para poder emprender el negocio. Trabajaban muchísimo porque querían devolver el dinero lo antes posible, pero eso hacía que pasaran mucho tiempo fuera de casa, mientras a mí me cuidaba una chica española», explica. «Yo, de hecho, sé español pero chino no».

Quan también pasó su infancia más cerca de la cultura española que de la china. En su caso, sus primeros años de vida los pasó con una familia andaluza. «Mis padres trabajaban muchísimo, como chinos —bromea—. Cuando volví a su casa, con tres años, teníamos problemas de comunicación porque ni ellos hablaban demasiado bien español, ni yo hablaba chino», recuerda.

Honrar a la familia

«La segunda y tercera generación están más integradas, y aun así, mantienen muy vivas sus raíces chinas», explica Ángel Villarino, corresponsal hasta hace poco en Pekín y autor del libro ‘¿Adónde van los chinos cuando mueren?’. «Mis padres esperan que honre a la familia respetándola, obedeciéndola y trabajando. Eso, y que me case pronto y tenga hijos. Hay cosas que entiendo y comparto; en otras, discrepo y mucho», reconoce Quan.

Susana, sobrenombre que eligieron sus padres porque imaginaron que el de Yuan Yuan sería muy difícil de pronunciar para los españoles, destaca los mismos aspectos de su familia. «Hay una barrera entre nosotros, claro, yo me siento más española que china. La cultura asiática, en general, valora más el éxito laboral que la occidental. Aquí se estila más disfrutar la vida. Allí que hayas triunfado con tu negocio te da categoría social». Sin embargo, reconoce que en cuestión de educación la familia española es más protectora y paternalista. «Los padres chinos suelen incentivar que tú tomes las riendas, que asumas responsabilidades, cosa que veo menos en familias españolas».

Sus padres, igual que los de Quan, también esperan que prospere económicamente. Por ello, no entendían que Susana prefiriese hacer prácticas en un medio de comunicación con una escasa remuneración en vez trabajar en el negocio familiar. «”Vas a ganar mucho más dinero con nosotros”, me dijo mi madre».

«Los primeros chinos que llegaron presionaban más a los hijos para que se quedasen con el negocio familiar. Ahora se conforman con que estudien una carrera, saquen buenas notas y puedan aspirar a trabajos menos sacrificados», apunta Ángel Villarino.

Acoso escolar

Aunque Susana y Quan tuvieron una infancia escolar casi como la de cualquier otro niño, no siempre es así. Tras la ‘Operación Emperador’, que destapó la mafia china de Gao Ping a finales de 2012, la comunidad china española alertó de acoso en los colegios. «Los niños no quieren ir a clase porque los llaman niños de la mafia», denunciaba Julia Zhang, portavoz de la Asociación de Chinos en España (ACHE).

David Lei Chen, de 23 años y estudiante de doble Grado de Derecho y Periodismo en Madrid, recuerda que los insultos racistas eran comunes en el recreo. «Yo me defendía, pegaba, pero de eso hace mucho. Luego en el instituto la cosa se calmó, también porque mis padres me apuntaron los sábados a un colegio chino. Allí conocí a otros ‘bananas’ como yo». ¿Bananas? «Sí, así se nos conoce a los que somos ‘amarillos’ por fuera pero ‘blancos’ por dentro», explica David.

Villarino expone en su libro que, precisamente, «en los colegios e institutos en los que hay un grupo grande de chinos, éstos van a su aire, hacen comunidad». Con sus amigos, David habla una mezcla entre chino y español. «Es decir, hablo más castellano, pero utilizamos bastantes expresiones chinas que aquí no tienen traducción».

Seguramente, muchos otros ‘bananas’ se sientan identificados con las viñetas de Quan. Pero, ¿qué opinarán sus padres de este tumblr a lo ‘Moderna de pueblo’ pero en chino? «Ellos todavía no lo saben, así que si se están enterando al leer este reportaje, sólo quiero mandarles un saludo y todo mi amor».

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