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TRAS EL ESTADO DE EXCEPCIÓN

Las escobillas ganan la batalla en Hamburgo

La policía de Hamburgo (Alemania) levanta el estado de excepción declarado tras los graves disturbios ocurridos a finales de diciembre. En los diez días que ha durado, tres barrios de la ciudad-estado han sido considerados 'zonas de peligro' y sus habitantes han estado expuestos a registros aleatorios por la calle, expulsiones del área y a la posibilidad de ser detenidos

ene 15 / 2014

«Queridos estudiantes, queridos ciudadanos y ciudadanas de Hamburgo, acabamos de saber que las 'zonas de peligro' han sido finalmente eliminadas del todo», informaba Moritz, uno de los estudiantes que había convocado la manifestación, desde el pequeño escenario improvisado en una camioneta que guiaría la manifestación. Explosión de aplausos y escobillas de WC arriba —convertidas en símbolo de la lucha contra los controles policiales por ser uno de los objetos requisados por la policía— en la concentración convocada por estudiantes de la Universidad de Hamburgo el lunes pasado.

EscobillasHamburgo

A las cuatro de la tarde estaba prevista la manifestación para mostrar el desacuerdo con el estado de excepción en el que se encontraban desde el pasado 4 de enero tres de los principales barrios de la ciudad-estado del norte de Alemania: St. Pauli, Altona y Schanzenviertel. Sin embargo, tres cuartos de hora antes la policía comunicó que, debido a la disminución de tensión en la calle, los controles policiales quedaban totalmente eliminados.

«Estoy contenta de que la policía haya entrado en razón, esto no podía seguir así», comentaba una estudiante, quien añadía que «se trataba de un ataque contra los derechos fundamentales de las personas». «Los motivos reales de nuestro descontento político siguen ahí, pero la anulación de controles es una buena noticia», continuó Moritz, al bajar del escenario.

Inicio de las tensiones

Todo comenzó el 21 de diciembre, cuando una manifestación en contra del desalojo del centro cultural ocupado 'Rote Flora' se saldó con 500 manifestantes y 120 agentes policiales heridos. La protesta de jóvenes estudiantes y de grupos de la izquierda radical también pretendía poner en la agenda política y mediática cuestiones sociales delicadas de los últimos meses: se defendía el derecho de un grupo de refugiados llegados de Lampedusa a permanecer en Alemania y se criticaba el desalojo de unos bloques de viviendas antiguas para construir pisos nuevos con alquileres más elevados sin dar alternativas viables a sus habitantes.

La policía acusó a los grupos de izquierda radical de estar detrás de los ataques con piedras, botellas y pirotecnia contra los agentes. Por su parte, los manifestantes acusaron a la policía de tratar de impedir la marcha. La tensión siguió presente en manifestaciones posteriores, en una de ellas a las afueras de la emblemática comisaria de la Davidwache, dos agentes resultaron heridos de gravedad en el rostro.

Este fue el motivo principal esgrimido por la policía a la hora de poner en marcha los controles aleatorios en zonas habitadas por más de 50.000 personas. Unos días más tarde, la propia policía puso en duda que el ataque se hubiera producido tal y como se había descrito, puesto que no había pruebas de que el atacante perteneciera al grupo manifestante. Sin embargo, las 'zonas de peligro' se mantuvieron. No fue hasta el sábado pasado cuando la policía empezó a reducir el área controlada a tres islas en las inmediaciones de tres céntricas comisarías, entre ellas la Davidwache.

Desde el inicio del estado de excepción el 4 de enero hasta su fin el lunes 13 al mediodía, se han hecho un total de 990 controles a ciudadanos, se han expulsado de la zona a 209 y se han detenido a 71 personas, según datos policiales.

Debate político y mediático

El senado de Hamburgo otorgó en 2005 la potestad a la policía a delimitar 'zonas de peligro' para asegurar el orden público. Mediante la declaración de estas, los agentes se conceden a sí mismos poderes excepcionales y pueden requerir a viandantes la documentación y pedirles que muestren sus pertenencias aunque no pese sospecha alguna contra los mismos. Esta medida había sido puesta en práctica en otras ocasiones tales como eventos deportivos o manifestaciones, pero nunca antes había abarcado tanto espacio ni a tantos habitantes y transeúntes.

Hasta el mismo día de su levantamiento, Olaf Scholz, el alcalde socialdemócrata (SPD) persistió en su defensa del estado de excepción al considerar, en una entrevista concedida al periódico 'Süddeutsche Zeitung', que "las medidas" habían "dado buenos resultados", y que, a pesar de las críticas recibidas, "muchos ciudadanos se sentían más seguros de esta manera".

A excepción de la CDU, la oposición en bloque se distanció de la opinión de Scholz. "Hay una serie de circunstancias que hay que solucionar políticamente, y no a través de la conversión de Hamburgo en una ciudad controlada policialmente", declaró el portavoz de La Izquierda, Florian Kaiser. Por su parte, el portavoz de Los Verdes, Jan Dube, subrayó que era necesario "reevaluar y establecer normas más transparentes en relación a la medida de excepción que la policía de Hamburgo puede poner en funcionamiento ante situaciones extraordinarias".

La cuestión también ha estado presente en la mayoría de medios alemanes en las últimas semanas. Por un lado, los periódicos más conservadores como el 'Frankfurter Allgemeine' han pasado de puntillas por la problemática social que hay detrás de las manifestaciones y se han centrado en la violencia y la protección del orden por parte de la policía. 

Ambiente festivo y distendido

Por otro lado, medios más progresistas como el 'TAZ' (Tageszeitung), han ahondado en las dudas sobre el suceso que prendió la mecha y acabó de motivar el establecimiento de las medidas excepcionales, el ataque en la Davidwache. Abogados y expertos han sido cuestionados en programas de televisión sobre la necesidad real de establecer 'zonas de peligro'. "En estas situaciones la policía tiene la potestad de decidir su marco de actuación en su totalidad y esto siempre es peligroso para el Estado de derecho", declaraba el abogado constitucionalista Rainer Rothe en la cadena de televisión RTL.

La manifestación convocada el lunes por estudiantes recuperó, tras la eliminación de los controles, un ambiente festivo y distendido que hacía tiempo que no se veía en Hamburgo. Los agentes iban sin protección y la música y la buena sintonía atrajeron a centenares de personas de todas las edades a medida que la marcha fue avanzando hacia St. Pauli. Aun así, el tono reivindicativo siguió presente con gritos a favor de los refugiados.

StPauli

«Estoy contento de ver a tanta gente y de poder luchar juntos para que se haga justicia», afirmó Adam, refugiado ghanés que llegó a Hamburgo hace ocho meses después de arriesgar su vida para llegar a Lampedusa. «Hoy es un buen día, pero nuestras demandas sociales siguen ahí y continuaremos luchando por ellas, aseguró Nico, otro estudiante universitario.

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