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NIÑOS SIRIOS EXILIADOS

Líbano, anfitrión forzado de los refugiados de la guerra

Escapar de un conflicto y enfrentarse a otro no menos duro. Empezar una vida lejos de todo en condición de refugiado y con poco más que lo que te dio tiempo a cargar en tu espalda. Líbano está en el epicentro de todos los enfrentamientos que ha sufrido Oriente Medio en los últimos años. Esto lo convierte en el anfitrión forzado de aquellos que huyen de los horrores de la guerra

dic 09 / 2014

Marwa Marrach es una joven libanesa de 25 años que trabaja desde hace dos en una de las ONGs más importantes del mundo: Save the Children. Esta organización no gubernamental actúa en más de 120 países con los afectados por guerras, hambrunas, y catástrofes naturales. Lleva más de 50 años proporcionando ayuda a refugiados de distintas nacionalidades.

Cuando estalló la guerra de Irak en 2003, un número importante de iraquíes dejaron atrás su casas para refugiarse en el país vecino. También lo han hecho miles de palestinos que viven hacinados en campos de refugiados desde que diera comienzo la ocupación israelí de Palestina.

Ahora, los sirios que escapan de un conflicto que dura ya más de tres años continúan llegando en masa al territorio libanés: dos millones de exiliados aproximadamente. Por ello, la economía libanesa se está viendo profundamente afectada al no haber recursos suficientes para todos. Por este motivo las organizaciones no solo colaboran con familias de otras nacionalidades, sino que se encargan también de proteger a aquellos libaneses que se encuentren en situaciones complicadas.

NinosRefugiados

Dificultad para escolarizar

Según la cooperante, uno de los principales objetivos de Save the Children es «romper las barreras que separan a las dos comunidades. Terminar con la tensión entre ambas, que cada día es más fuerte», asegura. Han sacado adelante un nuevo proyecto que consiste en ofrecer soporte económico a mujeres de familias con pocos recursos para que puedan aprender un oficio mediante cursos y formaciones. Las mujeres, tanto las libanesas como las sirias, reciben las clases juntas. Es una forma de conseguir que interactúen. Incluso los refugiados de otras nacionalidades recelan de la llegada de los sirios. La ayuda que anteriormente se dedicaba a una única comunidad ahora ha de repartirse.

En Líbano, la mayoría de los colegios son privados. Por lo tanto, pocas familias de exiliados pueden permitirse escolarizar a sus hijos. Y ese no es el único problema: los libaneses tienen un sistema educativo bilingüe y las clases las reciben en inglés o en francés (dependiendo del centro). Esto aumenta las dificultades de esa minoría de niños sirios que consiguen plaza en una escuela pública.

Por ello, la escolarización de estos niños se ha convertido en el principal objetivo de muchas ONGs, que habilitan centros donde se imparten a los refugiados clases básicas como el inglés, el árabe o las matemáticas. Samaya, la directora de uno de uno de los centros, está feliz con los resultados. «Aprenden muy rápido, y les encanta venir a la escuela. Aquí se evaden de sus problemas por unas horas», explica.

SaveChildren

Sin ropa ni pertenencias

Largas colas de personas desesperadas por recibir cualquier cosa que les facilite un poco sus condiciones de vida. Salieron huyendo, sin tiempo ni recursos para cargar con sus pertenencias. Así se encuentran, pues, todos estos refugiados: en un país extranjero, con lo que llevaban puesto encima y con una media de cinco hijos a los que mantener.

El auxilio que reciben los desplazados no solo es de tipo material. En Save the Children se hacen distribuciones de utensilios básicos (mantas, colchones o kits de higiene personal). Pero también reciben ayuda psicológica. Muchos vuelven mentalmente destrozados después de haber vivido las miserias de la guerra. Marwa y sus compañeros de profesión son conscientes de lo difícil que lo va a tener esta generación de niños sirios que tanto ha perdido. «Hacemos todo lo que está en en nuestras manos para que tengan un futuro. Han dejado atrás sus casas, sus colegios, y miles de ellos han perdido a sus familias», asegura.

Según la cooperante, no se necesitan unas características especiales para trabajar en esto: «Respetar las decisiones del equipo, ser íntegro y tener una buena actitud para afrontar los problemas es esencial». Quiere seguir aprendiendo y mejorando. Es feliz con lo que hace y aunque a veces la realidad a la que se enfrenta resulta dolorosa, quiere seguir trabajando por mejorar las condiciones de vida de aquellos a los que la guerra arrebató todo lo que tenían.

MarwaMarrach

Marwa Marrach, cooperante de Save the Children en su lugar de trabajo.

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