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VOLUNTARIOS QUE AYUDAN A REFUGIADOS

Refugiados en Alemania en busca de una vida digna

Algunos refugiados en Alemania se albergan en centros en los que, según denuncia el grupo de voluntarios Neue Nachbarschaft, reciben un trato indigno. En un país desconocido y sin ayudas para encontrar clases de alemán o para hacer consultas legales, no les queda otra que esperar. Esperar a que se resuelva su situación, en ocasiones sin poder ni siquiera darse una ducha con agua caliente

nov 15 / 2013

El grupo de voluntarios Neue Nachbarschaft (nueva comunidad vecinal), del centro de internamiento para refugiados en el barrio de Moabit (Berlín), ha dicho basta. Esta cuarentena de berlineses se ha dedicado desde hace cuatro meses a ir prácticamente a diario a lo que era una antigua escuela. En ella residen 280 refugiados en espera de la aprobación a su solicitud de asilo.

La mayoría procede de la Federación rusa, básicamente de Chechenia, y de los Balcanes, pero también hay afganos, iraníes y egipcios, y está aumentando el número de sirios debido a la cruenta guerra civil que sufre la República Árabe. En este refugio, tanto las condiciones higiénicas como de habitabilidad se han visto agravadas por la dejadez por parte de la dirección del centro en las últimas semanas, y eso ha hecho reaccionar a Neue Nachbarschaft.

Hace unos días convocaron una huelga, pero ningún responsable del centro se acercó al mismo. Por ello, han decidido hacer público su rechazo al descuido y desinterés con el que actúa la empresa encargada de gestionar el centro y de hacer la vida fácil a los refugiados, Gierso GmbH. «Parece que les molestemos, y eso que estamos haciendo el trabajo que les corresponde a ellos», afirma Marina Naprushkina, portavoz del grupo de voluntarios. «La situación debe mejorar cuanto antes, los derechos fundamentales de los refugiados se están vulnerando desde hace demasiado tiempo». 

Mala gestión de los centros

Todo empezó a principios de agosto, cuando Marina, artista bielorrusa residente en Berlín desde hace más de una década, se acercó a la antigua escuela para preguntar si podía programar actividades con los niños del centro. Cada vez se fue sumando más gente a la iniciativa a través de Facebook y del boca a boca entre los vecinos del barrio. Los niños y los adultos se alegran de que haya gente dispuesta a hacerles su estancia en estos centros más agradable. La vulnerabilidad de estas personas, frecuentemente perseguidas en sus países de origen, es tal que algunos han recibido amenazas tras salir fotografiados en una revista local de Berlín.

En Alemania hay dos modalidades de gestión de estos centros. La mayoría son gestionados por organizaciones caritativas, y en ellos no suele haber problemas. En otros casos, las autoridades derivan el mantenimiento y gestión de estos centros a empresas privadas, y «es cuando aparecen síntomas de apatía y abandono por parte de los empleados de las empresas hacia los refugiados», reconoce Tobias, la mano derecha de Marina y encargado de los temas burocráticos. Ante el escaso control, no todas estas empresas cumplen con las exigencias fijadas por el LaGeSo, departamento estatal de salud y asuntos sociales del Land de Berlín. Este es el caso del centro en cuestión.

En las últimas semanas, la pasividad de la empresa contratada para la gestión del centro ha llegado a cotas críticas. Ha cortado el agua caliente durante largos periodos de tiempo, con lo que eso conlleva en pleno noviembre a una media de ocho grados durante el día en la capital alemana. Por otro lado, los casi 300 habitantes deben compartir únicamente cinco lavadoras y, según ellos, deben esperar aproximadamente dos semanas para poder lavar su ropa y la de los niños. Los lavabos, sin papel higiénico ni jabón de manos, permanecen cerrados a ciertas horas del día

Niños sin escolarizar

La empresa también debería haberse hecho cargo de las gestiones necesarias para que los niños que llevasen más de tres meses en la residencia pudieran ingresar en la guardería, pero no lo ha hecho. De igual manera, tampoco se ha encargado de organizar actividades con los menores para hacerles su estancia, que puede llegar a alargarse durante meses, más llevadera. También debería haber ayudado a los refugiados a encontrar clases de alemán, algo que ellos mismos desde el centro no pueden hacer debido a que no tienen acceso a ningún ordenador ni conexión a internet. Con tan poca ayuda e información, la integración en la nueva sociedad alemana se convierte en una misión casi imposible para los refugiados.

Según los voluntarios, la manifestación responde a dos objetivos. Por un lado, que la opinión pública y los políticos pongan los ojos sobre esta problemática que afecta a varios centros de refugiados en Alemania. Por el momento, han conseguido que varios partidos políticos a nivel local se interesen por el tema. Por otro lado, que la empresa que gestiona su centro solucione de una vez por todas los problemas existentes para que las personas que han tenido que huir de un conflicto o de una persecución política puedan, finalmente, vivir dignamente.

Durante la estancia en estos centros, los refugiados viven en un limbo del que no saben cómo saldrán. Pueden ser trasladados o, directamente, repatriados al país del que huyeron desesperados.

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